Alejandro Carmona (Málaga, España. 1983) es poeta y fotógrafo, apasionado de las letras y el arte en general. Su primer poemario se titula Paradigma del olvido y aquí tenemos una breve muestra de su poesía.

ALEJANDRO CARMONA, POESÍA DESDE MÁLAGA

PRENDIDA LUZ

Luz de atardecer
ocaso de los espinos
se alzan las montañas
contra la ley de los cielos.

Fuego de alquimia
que vuelve grises
las escamas plateadas
de los frutos de la mar.

Este animal del tiempo
que se devora así mismo
preguntándose hacía donde
viaja el horizonte perdido.

Primavera robada
a las aves y su secuestro,
otoño adelantado
desamparado y húmedo.

Tardes de domingo
de sal arena y cemento,
el mundo es ya distinto
gira y vuela más lento.

No hay damas en apuros
ni príncipes de cuento,
queda algún poeta
porque aún hay belleza.

Corre rápida la pluma,
mancha de tinta el papel
de pensamientos vulgares
de este perro, boca de pez.

Hoguera de sarmiento,
agujero negro de sangre
ni el aire da sustento
ni tu amor sabe a vinagre.

Son extrañas estas pausas
vástago de la carne
que flexible y nudoso
hacia la noche crece su talle.

Nubes de silencio avecinan
en los muros de la noche caída,
hora es del sueño,
hora es pues de soledad.

BALA PERDIDA

Este verso perdido
que se dispara como una bala
en la sien del suicida
y tiñe en púrpura
la página en blanco.

Sentir el cañón en la piel,
el temblor de la mano,
la determinación de apretar
la pluma contra la hoja,
que estallen los sentimientos.

Escribir un poema,
es vivir eternamente
mientras mueres un poco.

PANDÉMOS

Quería, supongo,
lo mismo que deseábamos todos,
abrazar mundos interminables
en cuerpos desnudos,
acariciar paraísos e infiernos
con fronteras de piel suave,
hundir mis sentidos
en olor de ajenas primaveras.

Hallé por contra
herrumbre,
un mundo seco,
que purgaba
innumerables pecados,
sumido en una ola
donde se ahogaba.

Silencio, distancia.

La vida huele a laboratorio,
los rostros han perdido identidad,
embadurnamos en gel una piel
que ya no parece ni nuestra,
las miradas intercambian miedo
a lo invisible, a lo intangible,
respirar es la última esperanza
en un tiempo plagado de soledad
mientras caminamos, ciegos,
hacia la posthumanidad.