Cristina Angélica (Caracas, Venezuela. 2000) es un joven poeta de nacionalidad española quien cursa el Grado en Derecho por la Universidad de Málaga. Obtuvo el V Premio Poesía Valparaíso por su libro Mi hogar es una caja de mudanzas, galardonado también recientemente con el Premio Ópera Prima de la Crítica Andaluza. Además, forma parte del proyecto #PoetasZetas dirigido por el Instituto Cervantes de Estocolmo. Ha participado en varias antologías poéticas y publicado en revistas literarias como Maremágnum. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés e italiano.

CRISTINA ANGÉLICA, NUEVA POESÍA ESPAÑOLA

CÓMO EXPLICAR EL AMOR

Ella realizó toda clase de proezas maravillosas.
Diariamente, de uno u otro modo me procuraba los cigarrillos,
las cuartillas, todo cuanto necesitaba para escribir.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Cómo explicar que no es otra cosa
que juntar las pocas monedas que tengáis,
renunciar a comprar algo,
hacer un plato caliente, más barato,
que no falte dinero para libros,
para cuantos envíos hagan falta.
Cancelar planes alguna tarde de verano,
escribir mucho, corregir, eliminar,
preguntarse si vale la pena todo esto
si algún día querrán publicarlos,
compartir el insomnio con alguien
esperando que no se canse de esta vida
contando monedas, ajustando la compra
retrasando los recibos, esperando una llamada
que os dé buenas noticias,
que convierta todo esto
en el recuerdo de cuando erais jóvenes
y creíais en lo que hacíais.

CUANDO TODO ESTO ACABE

Ahora, que les echan el candado
a los comercios, a los bares, a los museos,
que no quedan lugares donde escondernos.
Ahora, que la ciudad está desierta
y no me verás llegar desde la plaza.
Ahora, que nadie queda ahí fuera,
deambulo mentalmente por tus calles,
recorro de nuevo las distancias que nos separan,
pongo los relojes en hora, también el tiempo
parada en los semáforos.
Ahora, como si fuera la primera vez que vamos a vernos.
Lo preparo todo. No quiero llegar tarde.

PUNTOS DE ENCUENTRO

Mientras las casas se habitan
en los cementerios hay colas de espera.
Las calles vacías guardan silencio,
los coches fúnebres sacan número.
Allí, los ataúdes se hacen compañía.
Los cementerios son
los nuevos puntos de encuentro