Javier Gutiérrez Lozano (Puebla, México. 1988) es poeta, traductor y editor. Catedrático de Ciencias Sociales con especialidad en la región del Sureste de Europa. Es autor de cinco poemarios publicados en países como México, España, Colombia y Estados Unidos. Actualmente prepara su primer libro de narrativa y una pequeña antología en conmemoración de sus diez primeros años en su labor poética. Aquí nos comparte dos poemas inéditos en su libro próximo a salir titulado Una década.

DOS POEMAS INÉDITOS DE JAVIER GUTIÉRREZ LOZANO


Salina,
el mar tu boca impávida y salina.
Y tus ojos;
cuencas crepusculares son tus ojos
color de llanto y de espeso
el rastro oscuro de tu infancia.
Y aun así, el mar, el agua y el océano,
el costado de la playa que se incrusta
a manera de flagelo en tu figura,
en tu piel apenas vista,
en tus pechos de menudo brote,
de racimo joven.
Y se alza el mar,
se le crece el ansia,
se le vuelve una tormenta el pájaro doméstico,
le resuena el eco de su tórax en el viento,
se azotan vil y profundo
las aspas de este cuerpo robusto en tierra.
No importa que lo mires desde lejos,
pues acaricia suave
el contorno de tus piernas,
se te escabulle sutil incendio en ti
una brisa que es de miel en tu cadera
que se escurre entre tu origen
por tomarte frágil, entera,
para hacerte el amor cuando sube la marea.
Y no suspiras, no enmudece nadie,
no muerdes la palabra de alguien en el aire,
no sangra ya tu miedo
ni la razón que existe dentro los nombres.
Y tus piernas son de peces
y replegándose va el mar hasta su orilla,
mientras besa, rasguña con sed y rabia
la piel más última en tus muslos,
tu costa inerme, la noble combatiente.

Te pareces a este mar volcado,
a este afable intento de contarte;
por si lo olvidas,
por si hace falta,
por si buscas saber quién eres.


Porque este lenguaje con el que te hablo
no es el mismo con el que te pienso,
-desflorada piel felina,
diminuta muerte que me salva-
ni es aquella la misma lengua con la que
a ciegas de este mundo
te hago despacio el amor
para desmembrar tu pasión saliva,
el rubor ligero entre tus piernas,
el amor con que me adentro
hasta la última letra del gemido.
Tengo, en la parte más ligera de esta boca,
el lenguaje que te pertenece,
el que dice sin palabras que te extraño,
el que alumbra un poco
cuando digo que te amo;
pero estos signos descifrables
no resultan suficientes.
Y entonces escribo esta canción
de media sombra, de breve
y atenuado tarareo,
y te desnudo el pecho con todo aquello
que aún no he podido darte,
-con los dientes-
y te tomo con violencia entre mis manos,
te hago mía desde las corvas
y te digo con todo este cuerpo
que ya es tuyo
y este aliento que se escapa
al cerrar al mismo tiempo
nuestros ojos…
hay un lenguaje con el que sólo a ti te hablo,
y te digo que te pienso,
y te digo que te amo
sin decirte lo que hablo.