Elí Uribina (Chimbote, Perú. 1989) es autor de los poemarios La sal de las hienas (Plectro Editores, 2017), y El abismo del hombre (Buenos Aires Poetry, 2020). Forma parte de varias antologías además de haber sido traducido a seis diferentes idiomas y publicado en distintas revistas de alrededor del mundo. Aquí una breve muestra de su poesía.

ELÍ URBINA; POESÍA PERUANA

BOLA DE RATAS

Ore, mus, domine mundi.

A la luz de la luna verde por el bosque,
un temblor de súbito sacude la cabaña,
ratas, ratas invadiendo en hordas, ratas,
con acerados dientes, con infectas garras,
ratas quebrando el silencio del papel,
ratas andando como latir de sombra,
al asecho de tu pie desnudo y de tu rostro,
ratas llenando la bombilla hasta nublarla,
desollando al gato, destripando al pastor,
ratas de piel lampiña y rugosa cual
escroto decrépito, a ciegas olisqueando,
ratas pululando hasta por dentro del espejo,
un gran tumor a punto de explotar en ratas,
ratas brincando a quemarropa en el pasillo,
ratas cuando a tientas buscamos la salida,
ratas como derrame de petróleo hirsuto,
apestando a humedad y a meadero,
a purulencia y a carca umbilical,
ratas chirriando sin tregua ¡aj! chirriando,
lo mismo que sartenes o parlantes posesos,
ratas, ratas, fariseas, déspotas, demagogas,
agujereando por doquier al mundo,
siempre en tránsito hacia su latido,
ratas, paradigmas de monstruosidad,
engendros de un ovario emputecido, ratas.

IV

La soledad adentro es menor
pero la noche desinhibe
suelta las cadenas de la risa
Cualquier lugar puede ser un paradero
Danza de apareamiento
Las parejas ignoran el dominio de la muerte
En su futuro no veo el rostro del dolor
Hay inmortalidad en cada movimiento
El furgón se abre paso entre la noche
el viento nos despeina
y nos adentramos en lo incierto
—hormiguero psicodélico
pulular extasiante—
y en medio de ese caos la belleza
Su cuerpo es joven
voluptuosa su mirada
Poseídos por el opio de la luna
descendemos por las peñas
El agua es sucia y las piedras cortan
Hay sangre y carcajadas
Reconocemos
en nosotros la muerte
Matarse de a poco
es otra manera de celebrar la vida

TRAMPANTOJO

De madrugada, bajo la luz del alumbrado,
con la mirada en la calle desierta
pienso en el corredor
de Borromini en el Palacio Spada.

Como tal corredor, oh pobre alma tediosa,
que te seduce con su longitud
por una ideada suerte de astuta perspectiva
la luz de la pantalla te embelesa
sin pausa ni reposo, siembra en ti solo olvido.

Toda tu historia irremediablemente
es este simulacro desolado,
el dominio absoluto del ojo por la imagen.