GUSTAVO ÁLVAREZ, JOVEN POESÍA ESPAÑOLA

LA FIESTA / NO PUEDES IRTE AHORA

Aún queda algo de hachís en la mesilla,
no puedes irte ahora. Tengo un par de cervezas en la nevera
y la sensación de que mi lengua nunca ha estado en la boca correcta,
no puedes irte ahora. Me has invitado a la primera
y aún sigo en deuda con tus piernas, con el corte de manga
que le has hecho a la camarera antes de salir por la puerta,
no puedes irte ahora.

Supongo que ya conoces de sobra la historia,
que tú siempre has escrito borracha y esta noche se merece un poema.
Tócame en el punto exacto de la cadera, arañame la espalda,
dime que mañana cuando despierte aún te acordarás de mi nombre, dime:
no puedes irte ahora, hace demasiado frío esta noche y aún queda
algo de hachís en la mesilla.

TORRE EIFFEL

Las cosas no han cambiado demasiado
desde el día en que te fuiste. Sé que nunca
he sido el mejor en todo este formalismo
de las despedidas, que al fin y al cabo siempre
he sido más de encuentros.

Te prometí un concierto de James Blunt
al que nunca pude acompañarte, te prometí
escribir un poema con tu nombre
y juro que lo intento –a veces más de lo que debería-
pero nunca encuentro un verso a tu altura.

Lo sé. Me fui de la peor manera posible.
No debí haberte dicho esa frase que lo jodió todo,
y que al final
siempre me repito en mi cabeza cada noche -una y otra vez,
como un mantra- necesito algo más de tiempo.

Sabes de sobra que la cago demasiadas veces
y me arrepiento a los cinco segundos de haberlo hecho.
Por eso no quiero que cambies nada,
no quiero que pienses que vengo a pedirte perdón,
ni a suplicarte que vuelvas. Porque en el fondo sé de sobra
que ahora estarás mejor.

Estoy seguro de que encontrarás a alguien,
que tendréis mil canciones para recordaros los domingos,
que te agarrará del punto exacto de la cintura
donde yo nunca supe llegar a tocarte, que te hará olvidar
todos esos polvos en mi habitación.
Y los más de cien recuerdos en baños de garitos, y copas
cargadas de ginebra en bares y discotecas.

Supongo que ya ni siquiera recordarás
la fecha de mi cumpleaños, ni el lugar donde nos encontrábamos
cada viernes. Supongo que me habrás olvidado,
que no volverás a beber en el salón de mi casa, que no recordarás
tampoco la forma que teníamos de hacerlo cada día.
Como por última vez.

Pero ya lo sabes de sobra.
Las cosas no han cambiado mucho. Sigo siendo el mismo chaval
de siempre: voy a un par de cervezas diarias,
me masturbo pensando en todo lo que habría pasado
si no te hubieras ido, y algunas noches
bebo hasta olvidar de nuevo el camino de vuelta a casa.

Como ves las cosas no han cambiado mucho.
He escrito un libro, he pensado que podría olvidarte
follando en otras camas,
he borrado de mi lista de contactos a todas tus amigas,
y todavía sigo sin saber cómo eliminar tu nombre
de todos estos poemas. Ya lo ves.

Sigo siendo el mismo imbécil que te dijo,
necesito terminar con todo esto. Y ahora sigue sin saber
cómo cargar con tanto vacío a sus espaldas. El mismo imbécil,
que escribió sobre tus muslos la letra
de todas esas canciones que nunca fui capaz de cantarte,
ese puto imbécil que llenó de mentiras y perdices toda tu historia,
y ahora ni siquiera sabe cómo volver a escribirte.

Cómo decirte: te echo de menos, espero que algún día
leas mis poemas y sepas que aún no te he olvidado, y tampoco
sabría cómo hacerlo.
Ya ves, lo que te digo: todavía me acuerdo de aquella primera
noche que pasamos entre botellas vacías de ginebra de seis pavos,
y cómo me llenaste el cuerpo de mariposas,
con solo una mirada perdida. Tan perdida como estoy ahora,
en esta habitación de un pequeño barrio del centro de la ciudad.

En esta misma habitación donde un día te dije:
pienso volver a escribirte en la cama de cualquier hotel del Norte
de Francia. En esta misma habitación
donde lo único que me queda es el recuerdo de una historia que nunca
llegó a terminar, cinco tercios de cerveza vacíos, y el peso de saber
que a partir de ahora todas las canciones hablarán de ti.

TODAS LAS CIUDADES

Quiero conocer tu pasado, que me hables
de todos tus ex, que me cuentes sobre tus viajes,
sobre el Moulin Rouge, sobre los canales
de Venecia, sobre cada una de las calles de tu pueblo
en Asturias y sobre las canciones de aquel grupo
que nadie más conoce.

Quiero conocer cada uno de tus miedos,
si eres de las que pasean por el borde de las aceras
en invierno,
si pensarás en mí de vez en cuando
cuando te masturbas, cuando bajas a comprar para
la cena y suena cualquiera de Carolina en tus cascos.

Quiero seguir echándote fotos mientras
la distancia nos deje vernos a diario, mientras mis hoy
se confundan con tus mañana
y todos mis principios terminen en tu boca;
que nos volvamos pasado, presente y futuro entre las piernas,
fuego y ceniza entre las manos.

Quiero seguir escribiéndote poemas
en las servilletas de todos los bares que visite contigo,
en las calles de todas las ciudades que hagamos nuestras;
quiero conocer tu pasado,
que sigas hablándome sobre tus abuelos, sobre los veranos
en Mieres y sobre aquel concierto de Vetusta.

Quiero manifestarme contigo frente al congreso,
llevarte a todos los restaurantes donde nunca habría ido
sin ti; quiero quererte cada día un poco más,
cada día un poco mejor y que nuestra única premisa sea
vivir siempre al otro lado de la barra.

Nena, quiero que nuestra vida sea un rock and roll;
vivir a toda hostia, no pensar dónde vamos a despertar mañana,
no saber por qué motivo estamos jugándonos las heridas
a una sola barra, a un solo trago; buscarnos en las canciones,
besarnos en todos los bancos. Morirte, tú por mis huesos,
yo por los tuyos.

Quiero y no tengo claro el qué, sólo que lo quiero;
sólo contigo. Perdernos por cualquier ciudad que no conozcas,
encontrarnos en cualquier estación que me hayas enseñado.
Friday i’m in love y esta sensación de que en tus brazos siempre
es festivo.

Colócame, cariño, mis manos en las tuyas; vamos
a encerrarnos una temporada debajo mis sábanas: tú pones el vino,
yo me encargo de la excusa; que suene Confeti, que quiebre
la industria textil: no sabes lo bien que queda tu ropa interior en la
mesilla.

Quiero que algún día -dentro de varios años,
dentro de algunos meses- leas este poema y te acuerdes de mí;
les hables a tus amigas del imbécil
que nunca supo estar a tu altura, que nunca supo jugar con tus
dedos; que leas este poema y entiendas que siempre tuve
motivos de sobra, caricias de sobra; que entre toda esta cerveza
aún queda una historia por la que brindar,

que cuando todo esto acabe todo el mundo
querrá conocer tu nombre, que cuando todo esto acabe
todas las mujeres del mundo empezarán
a parecerse aún más a ti.