Karinna Torres (Puebla, México. 1996) es poeta y educadora por profesión. Ha participado en algunas antologías poéticas publicadas en México, colaborado con Alcorce Ediciones en procesos de edición, y es autora del poemario Mi padre el caos, publicado en el 2019. A continuación les dejamos su primera intervención en Vislumbre con tres poemas inéditos.

KARINNA TORRES; JOVEN POESÍA MEXICANA


Mi sangre es el misterio
que ha derramado la creación, desde mi vientre.
Me encarna como bilis dolosa,
que me ha dejado una pelvis cadavérica.

Es mi espíritu al romper en aullido bestial, que con cada palpitación anémica, irriga olor a muerte.
Mi sangre es el destierro de la entraña,
una voz que horada las vértebras,

  • un eco —.

Un espacio muy íntimo donde se hunde el cuerpo y el seno reina con castigo.
Es mi vida misma dándose a luz,
aquella lucha diaria que ha de volverse fértil victoria,

la extraña unción de una fuerza vorágine que imprimen
la marcha y las llagas en las plantas, que gritan plenitud.

Yo soy mi sangre viniendo al mundo, y lo duelo con la garra de mi sexo.


Me he vestido de falso dios
con falsas ansias,
y tú me abres los párpados como
cúpulas de incertidumbre.

En vuelo murciélago,
me he desbordado sobre
tu noche saturnal

y tu costilla asalta una pila
de cadáveres que se abrazan,
deliberando entre sí,
como sostenerse el pecho.

Te huelen mis bestias
como carnaval,
cuando en sombra intrusa
arremeto en el pabellón
que son tus rasos muslos.

Me falta el perdón
y a ti el aliento.
Tu pelvis secular
desgarra el primerísimo
espasmo

y llueves sobre mí la miel
carnívora, el quiebre de
tu blando ocaso.

Tu dorso me reitera el
apetito, tu entraña me reclama
como adormecido veneno.


Soy la piel inmaculada al tacto
de un rapaz asedio,
la tersa figura que ha sobrevivido
entre el lodazal.

Me he fugado de todos
los incendios que han forjado
en el erial de la historia,
-mi nombre-

Soy el cuerpo que busca culminar
la guerra con su sexo, la carne que teje
en su vientre la victoria y corona la noche
cuando se quiebra el día.

Soy la pantera que ha muerto
tantas veces en tus hombros,
la que se entrega en amplios vientos.

Y aún cuando no soy yo,
cuando pienso que mi nombre
desaparece de mis manos
y goza el día entre nuestras
moribundas distancias,

sigo siendo la de la mandíbula
aferrada que come de ti.
La que endurece tu sangre
con el almidón de mi cintura triste
y que repite su aparición en
callejones de ajena muchedumbre.

Encarno la húmeda interpretación
de tus indignaciones,
aquella que esconde el rostro
entre dejos de cordura.