Presentamos la primera entrega del año del Taller de Poesía del poeta, traductor y editor Javier Gutiérrez Lozano. Con ocho años cumplidos de este taller que comenzó en la Ciudad de Puebla, México, se proyecta ahora como uno de los espacios digitales de mayor afluencia en las redes en Latinoamérica. Dejamos aquí una muestra del trabajo de algunos de los asistentes.

PRIMERA MUESTRA DE POESÍA, TALLER DE JAVIER GUTIÉRREZ LOZANO

Andrés Acosta
(Jalisco, México. 1990)


Estos cálidos versos serán refugio y calma
cuando el silencio te persiga,
cuando el frío se alimente de tu carne.
Construye entonces con mi voz un muro, escálame,
hazlo hasta sentir tu pecho tibio otra vez.
Encuentra norte en estos trazos
y naufraga en ellos dos inviernos.
Vuelve cuando sea verano.

Santiago Antona
(Puebla, México. 1993)

FIEL ERRANTE

Yo, que no tengo nada más de ti,
tan sólo el calor de este sol lejano,
el viento rezumbando,
las olas embravecidas de mis dedos
que no rompen ya en el mar de tus caderas.

Yo, que fui observador y partícipe,
fiel errante en el naufragio de tu cama;
tú, mi mareo en altamar,
yo, la humedad en la noche de tus muslos.

El océano siempre ha enloquecido al sediento.

Y así, tú eres el mapa y mi designio todavía,
yo, que muero en la decadencia de tu cuerpo,
porque tú, al igual que el mar,
estás llena de inmensidad
que yo no habría de beber.

José Pablo Contreras
(Puebla, México. 2003)

TRENZA LOS HILOS, ME DIJO UN VIEJO PESCADOR

Noche de marea estrellada que choca
al sonido azul con la danza de las
miradas.

Hoy
solo trenzo hilos bajo esta luna
morada, mañana serán mesetas
que giren como dos aves fusionadas.

Camilo Farfán Linares
(Bogotá, Colombia. 1991)

ABUELA
Perpetuar tus manos es el arrullo de todas mis caídas,
pues bastaba tu tacto arrugado para que mis llantos pueriles se arropasen,
y de tu silbido cansado para fugarme al más puro de los amores.
Ahora hecho hombre me escabullo solitario en mi regazo,
y silbo a los cielos tu recuerdo
y mato en tus brazos las penas

Rafael Galindo López
(Puebla, México. 2001)


Andábamos de la mano
entre el follaje de verdes praderas,
así, sonriéndole al camino que no tenía rumbo.
Y sin saberlo,
estábamos justo donde habíamos esperado tanto,
pues no importaba el sitio,
mientras nuestras manos entrelazadas
vayan marcando los pasos.

Jessica González
(Montevideo, 1987)


Me hubiera gustado,
en aquel entonces, ser la de ahora.
No la fractura, la herida, el caos.
Tú, la trinchera sin esperanzas.
Me hubiera gustado enseñarte
mi vuelo con los pájaros
la manera en que amo
luego de las inundaciones
y el silencio que fecundo ante el daño.
Pero ni tú ni yo éramos
los de ahora.
Lo supimos después,
mucho después.

Víctor Guerrero
(Morelos, México. 1991)

EL ORIGEN DE LA IRA

Recoge los fragmentos, ¡sin lacerarte!
Soy el rostro de vidrio que grita los mil reflejos de la ira.
A esos pedazos, cóselos;
cóselos con hilo de amor suficientemente fuerte
como para hacer revivir al más pequeño de los fragmentos.
Zurce sus pedazos con delicadeza
para poder pronunciar un susurro más negativo que el silencio,
pues sucede que este rostro amargo y pétreo
también fue de plumas y de seda,
fue en su principio, en su origen,
cuando del tiempo pudo arropar una única palabra:
tu nombre.

Jaime Hidalgo
(Chiapas, México)

PARA NO DECIR

Me he limitado a responder mintiendo:
Bien
cuando me preguntan cómo nos ha ido juntos
para no decir que me has hablado como a todos
y que te he escuchado como ninguno.

Ricardo León
(Bogotá, Colombia. 1996)


Me observo un Ulises
frente a un mar blanco y amplio,
ni una Ithaca a la vista.
Observo olas que se estrellan
una contra la otra se devoran y se hacen más grandes;
mi barco, sin embargo, sigue inmóvil.
Las velas, ya a punto de desgarrarse
y ni una Ifigenia que las impulse.
El ancla pesa tanto
que al halarla me engulle.
Intento volver al aire
y puedo notar que cada vez me sumerjo más y más.
Pero la sombra que está a traición
permanece inmóvil.
Sigo nadando
y ahora escucho a Dédalo, mi padre.
La luz esta tan cerca
que debería quemarme.
Mas me acerco a ella
y escucho un canto artificial y estéril.
Continúo nadando
y ahora escucho el sonido
de una hora exacta.
Una enfermera toma nota
mientras yo sigo nadando,
y la sombra a mis espaldas
logra zarpar,
finalmente
más ligera.

Lourdes Sánchez
(Caracas, Venezuela. 1989)


Llegaste como un extraño quien pregunta la hora:
buscando una excusa para acercarte.
Te dejé,
porque ese encuentro lo esperaba desde hacía mucho tiempo.
Quise palparte,
pero un mar y otra tierra sólo se reían de mi fe.

Kary Simtz
(Hidalgo, México. 1999)

ENCONTRARTE
Necesitarte, reconocerte entre cientos de miradas,
me hace creer que no existe otra dirección,
que no pierdo el tiempo, porque eres tú quien lo inventa.
No tuve que emprender una búsqueda, ahí estabas, sosteniendo mis penas, sanando
en ese momento mis desaciertos.
Antes de que nuestros nombres estuvieran escritos,
ya sabía que mis manos comenzarían a deletrear el tuyo
sobre pliegues que terminarían bajo tu puerta.
Desde entonces,
mis pupilas habían elegido las eternas veladas a tu lado,
mirando tu boca entreabierta y tu semblante,
preso de los sueños que vamos construyendo
todos los días.

Emilio Tavares Fuentes Aguilar
(Puebla, México. 2000)

Cenizas de olas:

Arder por la espuma de las olas
cicatriza cada extremo del mar.
Quemados por la misma arena,
ahogados por diferentes mares.
Así, cremados juntos, guardados en urnas diferentes,
y esparcidos nuestros restos en la brisa;

ser un huracán hasta encontrarte.