LA ÚLTIMA HOJA EN TU HOMBRO
Todos aman el otoño, pocos lo entienden.
Solo ven árboles con nuevos trajes;
el frío es la excusa perfecta para un café
o para espiar la vida desde una banca incómoda.
Es el paso de cambiar sábanas por frazadas,
cervezas por vino, sexo por abrazos,
y el mar por la fuente de la plaza.
Aquí nacen bostezos sin sueño,
caminatas por las farolas que ahora encienden
antes que el Sol,
y un trayecto a casa
que ahora camino sin tu mano frotando mis guantes.
Esta estación que todos aman por los colores,
la llevo odiando un par de abriles,
desde que nuestras fotos en pareja
se han convertido en paisajes vacíos.
Porque todos ven las hojas caer
pero nadie queda cuando tocan suelo,
excepto tú.
Tú contabas los segundos exactos
en que la gravedad se hacía ley
y pintaba el suelo naranja.
Sabías a qué árbol correr
para posar justo antes
que la última hoja durmiera en tus párpados.
Tú sabías más del otoño
que el verano mismo,
y eso que te sacaba una estación de ventaja.
Pero hay algo que jamás
pudiste saber del otoño;
lo que lo hacía tan especial
era ver tus pómulos enrojecidos por el frío,
tus labios bajo cero rozando los míos
llevando a los grados Celsius a una nueva escala.
Y aquí estoy,
como el árbol que olvidaste para la foto,
un tanto vacío desde que te llevaste mis hojas;
viendo cómo cuentas para el otro otoño,
mientras yo muero
por llegar a primavera.
CUANDO LA ANSIEDAD GOLPEA LA VENTANA
Me bajo del mundo
para estacionar aquí dentro.
Resguardado tras mis ojos
parece todo inmóvil
y sin cauce.
Hay un eco en estas paredes de carne
dónde cada voz quiere su lugar,
mientras afuera me ven en silencio.
Veo sus huellas detenidas
pensando en mi pensar,
pero aquí dentro
no cabe nadie más.
El espacio es limitado
el resto se lo llevaron hace un tiempo
a otras bocas
que entonan mi nombre a lo lejos.
Este hogar lleva campo minado
pero pensarte
muestra el camino seguro.
Quiero que veas
desde aquí dentro
y me recuerdes
quién soy allá fuera.
¿ESTA NOCHE TE QUEDAS?
El canela de tu pelo
combina con mi café de mañana
¿Esta noche te quedas?
o serás una estrella más
que se ha ocultado al amanecer.
Es que me aburrí de coleccionar pieles
y que mis manos
tengan el mapa de cada espalda
que no se ha quedado.
Estoy un poco harto del tronar
de las botellas vacías
y de los dedos marcados
que se traslucen
cuando enciendo la luz
contemplando que sobra un vaso.
Pero es mi culpa
que nadie más me llene tanto
como una botella vacía,
porque todo dialogo con alguien más
caduca cuando la cama deja de sonar.
Los rasguños de las sabanas rotas
son testigos que he escogido mal;
cada estrella surca el cielo
y el mío parece nublado.
He buscado bocas que me agiten con sus palabras
pero hay lenguas que lo mejor que pueden ofrecer
es el silencio.
Por eso, después de tantas botellas vacías,
de sábanas rotas por otras manos
y de vasos con labiales de no sé cuál boca,
quiero que mis próximas resacas sean contigo.
¿Esta noche te quedas?
no respondas, sé que las siguientes también
porque el canela de tu pelo
combina con nuestro café de mañana.
