FUNDIDORES
Han curvado sus cuerpos desnudos,
hirviendo sus pechos en rabia;
el mirar de una vida los oculta en la tumba,
¡juventud herida por el hambre maldita!
Día con día acarreando en sus hombros,
el bronce que arde fundido en los moldes.
Piel rasgada en heridas de fuego,
azotes ya derrumbados al sueño.
Quemándose vivos sin piedad de la lumbre,
deshaciendo sus cuerpos como la nieve,
combaten la noche por un trozo de pan
mientras en un lagrimear, les pasa la vida.
Y tendrán que fundir así,
derritiendo en rabia de la juventud,
parpadeando en medio del dolor,
¡heridos eternamente por el hambre maldita¡
EL FUEGO
¡Ataquen, compatriotas,
por el brillo de un día soleado!
Al frente, un nuevo día;
detrás, la fuerte nación como árbol de Cornus.
Nación que arde en el fuego-
emerge la melancolía del tirano;
luchando por libertad-
¡una madre abriendo sus puertas al brillo!
Villas sangrantes cubiertas de humo,
manto de sangre que envuelve los pueblos…
resplandor en la frente del hombre…
¡armas sujetas por mozos y grandes!
Soldados que mueren con melodías,
el tirano maldito tornándose débil,
penetrando entre el humo y el fuego,
el brillo del mundo a la vista.
¡Ataquen, patria valiente!
¡El brillo del día por encima del yugo!
Al frente, un nuevo día;
detrás, la nación de los Cornus.
TRISTE GORRIÓN
Triste gorrión cantando tristes melodías.
Un gorrión que canta, goteando melancolía
en bosques tristes; melancólicos otoños.
¿Acaso las llamas incendiaron su nido?
¿Existe una idea maldita en su preocupar,
un terrible pensar para mañana sufrir?
No han sido las llamas que destruyeron el nido,
ni una maldita idea en su preocupar,
ni un terrible pensar para mañana sufrir.
Es la adorable mujer quien lo hace penar.
Adorable dama provocando a las lágrimas hervir;
hirvientes lágrimas de eterno amor.
TIERRA EXTRANJERA
Te ves como tú lo sabes.
No suspires.
¡Vuelve aquí!
¡Mi mente me preocupa,
mi casa está en llamas,
Stojan!
Mi cabeza pesa
y las piedras
en mi corazón descansan.
¡Y mi niño, mi hijo,
mi pequeño héroe,
en brazos míos!
Pasado el tiempo,
esa tierra extranjera,
me ha quemado vivo.
Estoy listo para el alba.
Cuento ya los días
desde el puerto.
No puedo respirar más,
ahogado en lágrimas…
¡por ti!
¡Ah, maldita sea la vida
que muere sin felicidad,
Stojan!
Te ves como tú lo sabes.
No suspires.
¡Vuelve aquí!
