ACERCAMIENTO
¿Cómo puedo desenredar mi lengua, o desenredarte a ti?
Mis labios tiemblan mientras me arrastro
y las nubes nadan hacia el norte; cómo
puedo entender: ese acto, las relaciones, el bosque,
el vacío en blanco del camino hacia la aldea,
el aroma, los delicados pasos, los botes en el lago
para despertar tan níveo, tan silente.
Rompo a través de la espesura inundada de distancias
para desenredar mi lengua, para encontrar el orden:
tú silencias la distancia en secreto, como la nieve.
.
.
LENGUA MADRE
Tú también has mamado
leche materna
de la lengua madre.
¿Acaso no fue así? De la lengua
que es ordeñada y vertida
en una olla de oro
y traída
a la mesa.
Querido escritor (¿joven?)
mientras mamas
la lengua sólo se agria
en el campo de batalla
para ti. Noche y día.
Día y noche.
.
.
TRAUMA
Oh, Dios ¡qué camino tan luminoso!
Brillante, reluce en el último sol.
Qué absurdo el camino
***
Llévame hasta ese camino. ¡Oh, Dios!
Entre relojes con vida
que muestran siempre otro tiempo.
Esos que engruesan, golpean y me duplican
siempre hacia un tiempo futuro. En un vacío
duplicado donde tus lágrimas
incomodamente caen,
velozmente y en secreto me toman
a través de aquel vaso que se ha derretido,
que se endurece tan sólo una vez
-con el duplicar de las cosas-
tan pronto es tocado por mí.
***
Llévame hasta aquel camino en vertical
que brota desde tus ojos
hasta aquellas altas colinas,
como una sombra intocable entre
tu rostro incómodo y yo. ¡Oh, Dios!
¡No lo dudes!
Te detengo con mi alma,
con su lado oscuro
que murmulla como un río extraviado,
con una luz
que es invisible. Con
ésta, mi furia.
***
Mi Dios me ha abandonado.
La oscuridad reina debajo del sombrero del cielo.
y percibe mi respiración
como el exhalar de un bosque en llamas.
No me sigas, asegura. ¡No me sigas!
¡No me sigas! ¡No me sigas! Ha gritado.
.
.
EL CUERVO
Mi querido vecino
¡tu graznido
funciona!
Donde tú estás
-transfigurado
y sabiamente pensativo-
adoptas cualquier forma;
sangre hirviente.
Donde yo estoy,
lo que miro,
se disipa.
El cielo
es un pico abierto
(¿el tuyo?)
Mi querido vecino,
mi inevitable
testigo.
