Jorge Villalobos (Marbella, 1995) Graduado en Derecho y Study of English Law (Málaga), ha cursado el Máster de Asesoría Jurídica de Empresa por la Universidad de Málaga y el Máster de Data Science y Business Analytics por la Universidad de Nebrija-IMF School, así como diversos cursos de programación y Títulos de Experto. Cursa este año el Máster de Abogacía y un Doctorado en Derecho mercantil en la Facultad de Derecho de Málaga sobre “La Inteligencia Artificial como titular de Derechos en los derechos de autor y la Propiedad Industrial”. Asimismo, cursa el grado de Filosofía de la Universidad de Estudios a Distancia (UNED). Es profesor (PSI) de la Universidad de Málaga. Como escritor es Premio Cero de Poesía (2013), publicando Mi voz, que te reclama (2014). En 2015 Premio UMA y en 2017 Premio UCOpoética. La ceniza de tu nombre (Valparaíso Ed., 2017) fue Premio de la Crítica de Andalucía Ópera Prima 2018. El desgarro (Hiperión, 2018) fue Premio de Poesía Hiperión 2018. En 2020 publicó No es nada personal (Diputación de Málaga) y Para morir los dos basta con que uno muera (Valparaíso Ediciones). Además, figura en numerosas antologías. Es impulsor del marco “Iustranshumanismocuir” dentro de la Filosofía del Derecho. Ha sido traducido al francés, inglés, portugués, italiano y árabe.

Jorge Villalobos, Las cosas que seguirán aún viviendo aunque estén en peligro de extinción.

ESCRIBIRTE EL POEMA

Querría haberte escrito 

poemas de amor que fuesen de verdad

y no las estrofas de siempre.

Hablarte de proyectos de futuro,

llegar juntos a fin de mes,

veranear con un piso

en primera línea de playa,

que la seguridad social nos llegue

y jubilarnos juntos.

Querría haberte escrito, de verdad,

poemas de amor creíbles,

de esos que comparten el mismo

bono bus, de esos que pagan a medias

pizzas a domicilio, que compran lubricantes

para hacer el amor más sencillo y más ágil.

Escribir sobre cajas de mudanza, 

futuros que nunca se encuentran

en las estrofas de siempre, futuros,

y apoyarnos en la impotencia

del paro. Poco más. 

Conseguir que de alguna forma

mis poemas de amor más solemnes 

sean estas cosas, las que seguirán

aún viviendo contigo cuando cierre esta puerta

para no volver nunca.

.

.

YO TAMPOCO SERÉ CALVO EN EL FIN DEL MUNDO

Que otros se jacten de las páginas que han escrito,

yo me vanaglorio de que no soy calvo.

Frank Báez

Hay calvas de mapamundi.

Francisco de Quevedo

Mi abuelo, que sudó y perdió mucho pelo

mientras fue jugador profesional de fútbol,

nunca se quedó calvo.

Mi padre, que fue médico, mantiene una melena

mejor incluso que la mía.

Una vez me enseñaron una foto

donde sale mi abuelo, desgastada y en sepia,

y pensé que era yo el de aquella imagen

como un niño que viaja sin querer al pasado

pero en la vuelta trae solo la misma frente

y las mismas entradas que tapo con el pelo,

porque tampoco yo voy a ser calvo.

Mi cuero cabelludo me protege.

Mi cuero cabelludo es mi mejor amigo.

Mi cuero cabelludo me acompaña en los días

duros y calurosos de verano.

En esos días pienso en los calvos del mundo

y sus quemadas calvas, 

pienso en cómo han perdido poco a poco su pelo

sin remedio, igual que se derrite

el hielo de los polos de modo irreversible.

En esos días pienso en sus pobres cabellos

que mueren poco a poco como especies

en peligro de extinción, y en las marcas

de champú que también van a extinguirse,

y en sus nucas, arrugadas, desérticas:

una crisis climática en versión capilar.

También el mundo se quedará calvo.

Y también los océanos lucirán una buena

calvicie de especies extintas.

Pero tranquilos, calvos del planeta,

porque un laboratorio alemán

ha descubierto una cura para vosotros.

Luciréis vuestro largo pelo resucitado

como el de Jesucristo o el mío o el de Frank,

aunque se extinga el mundo y ninguna coleta

ni rizo sobreviva.  

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COMO EN UNA PELÍCULA DE MARVEL

Lo fácil es querer ser el protagonista,

el salvador de mundos,

el que da nombre a esas sagas y trilogías.

Lo difícil, en cambio, es el otro papel:

el insignificante, el prescindible,

el de víctima más entre las víctimas,

llenas de anonimato.

Las muchísimas víctimas de extras

que apenas aparecen diez segundos, 

pero gritan y lloran, lamentan su dolor.

Que ocultan tras sus manos, como una cicatriz,

su rostro inconsolable,

pero sin ellos ni esa indefensión

que solo dan la pérdida y la impotencia,

las tantas luchas, mundos en extinción o héroes

no valdrían la pena, no tendrían sentido.

Jorge Villalobos (Marbella, 1995) Graduado en Derecho y Study of English Law (Málaga), ha cursado el Máster de Asesoría Jurídica de Empresa por la Universidad de Málaga y el Máster de Data Science y Business Analytics por la Universidad de Nebrija-IMF School, así como diversos cursos de programación y Títulos de Experto. Cursa este año el Máster de Abogacía y un Doctorado en Derecho mercantil en la Facultad de Derecho de Málaga sobre “La Inteligencia Artificial como titular de Derechos en los derechos de autor y la Propiedad Industrial”. Asimismo, cursa el grado de Filosofía de la Universidad de Estudios a Distancia (UNED). Es profesor (PSI) de la Universidad de Málaga. Como escritor es Premio Cero de Poesía (2013), publicando Mi voz, que te reclama (2014). En 2015 Premio UMA y en 2017 Premio UCOpoética. La ceniza de tu nombre (Valparaíso Ed., 2017) fue Premio de la Crítica de Andalucía Ópera Prima 2018. El desgarro (Hiperión, 2018) fue Premio de Poesía Hiperión 2018. En 2020 publicó No es nada personal (Diputación de Málaga) y Para morir los dos basta con que uno muera (Valparaíso Ediciones). Además, figura en numerosas antologías. Es impulsor del marco “Iustranshumanismocuir” dentro de la Filosofía del Derecho. Ha sido traducido al francés, inglés, portugués, italiano y árabe. Jorge Villalobos, Las cosas que seguirán aún viviendo aunque estén en peligro de extinción.