ESCRIBIRTE EL POEMA
Querría haberte escrito
poemas de amor que fuesen de verdad
y no las estrofas de siempre.
Hablarte de proyectos de futuro,
llegar juntos a fin de mes,
veranear con un piso
en primera línea de playa,
que la seguridad social nos llegue
y jubilarnos juntos.
Querría haberte escrito, de verdad,
poemas de amor creíbles,
de esos que comparten el mismo
bono bus, de esos que pagan a medias
pizzas a domicilio, que compran lubricantes
para hacer el amor más sencillo y más ágil.
Escribir sobre cajas de mudanza,
futuros que nunca se encuentran
en las estrofas de siempre, futuros,
y apoyarnos en la impotencia
del paro. Poco más.
Conseguir que de alguna forma
mis poemas de amor más solemnes
sean estas cosas, las que seguirán
aún viviendo contigo cuando cierre esta puerta
para no volver nunca.
.
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YO TAMPOCO SERÉ CALVO EN EL FIN DEL MUNDO
Que otros se jacten de las páginas que han escrito,
yo me vanaglorio de que no soy calvo.
Frank Báez
Hay calvas de mapamundi.
Francisco de Quevedo
Mi abuelo, que sudó y perdió mucho pelo
mientras fue jugador profesional de fútbol,
nunca se quedó calvo.
Mi padre, que fue médico, mantiene una melena
mejor incluso que la mía.
Una vez me enseñaron una foto
donde sale mi abuelo, desgastada y en sepia,
y pensé que era yo el de aquella imagen
como un niño que viaja sin querer al pasado
pero en la vuelta trae solo la misma frente
y las mismas entradas que tapo con el pelo,
porque tampoco yo voy a ser calvo.
Mi cuero cabelludo me protege.
Mi cuero cabelludo es mi mejor amigo.
Mi cuero cabelludo me acompaña en los días
duros y calurosos de verano.
En esos días pienso en los calvos del mundo
y sus quemadas calvas,
pienso en cómo han perdido poco a poco su pelo
sin remedio, igual que se derrite
el hielo de los polos de modo irreversible.
En esos días pienso en sus pobres cabellos
que mueren poco a poco como especies
en peligro de extinción, y en las marcas
de champú que también van a extinguirse,
y en sus nucas, arrugadas, desérticas:
una crisis climática en versión capilar.
También el mundo se quedará calvo.
Y también los océanos lucirán una buena
calvicie de especies extintas.
Pero tranquilos, calvos del planeta,
porque un laboratorio alemán
ha descubierto una cura para vosotros.
Luciréis vuestro largo pelo resucitado
como el de Jesucristo o el mío o el de Frank,
aunque se extinga el mundo y ninguna coleta
ni rizo sobreviva.
.
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COMO EN UNA PELÍCULA DE MARVEL
Lo fácil es querer ser el protagonista,
el salvador de mundos,
el que da nombre a esas sagas y trilogías.
Lo difícil, en cambio, es el otro papel:
el insignificante, el prescindible,
el de víctima más entre las víctimas,
llenas de anonimato.
Las muchísimas víctimas de extras
que apenas aparecen diez segundos,
pero gritan y lloran, lamentan su dolor.
Que ocultan tras sus manos, como una cicatriz,
su rostro inconsolable,
pero sin ellos ni esa indefensión
que solo dan la pérdida y la impotencia,
las tantas luchas, mundos en extinción o héroes
no valdrían la pena, no tendrían sentido.
