- En primer lugar, me gustaría conocer algunos datos duros para situar a los lectores en el plano simple de la existencia de tu obra. Por lo tanto, me gustaría que nos dijeras ¿Cuándo fue que comenzó a escribiste esta obra y cuándo se concluyó? Asimismo, me gustaría saber ¿dónde fue escrita? Y no solamente me refiero a un país o ciudad, sino en qué partes de tu casa o viaje, y por qué fue escrita en dichos sitios.
El libro comenzó a escribirse cuando enfermó mi madre, perdiendo su memoria a corto plazo. Después vino la muerte de mi abuelo. Finalmente, la más repugnante condición humana, el intento de sacar ventaja de la desgracia de una mujer enferma. Es un libro que escribí lejos de mi casa, si es que mi casa sigue existiendo. Es un libro que escribí durante una pandemia mundial en la que no pude comunicarme con mi madre porque no funcionaba el teléfono. Eso me contestaron, cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Por todo ello, Desgracia es un libro que habla de la maldad que nos rodea y que aparece en el lugar menos pensado y en el momento más perverso. Creo que la parte más importante del libro es Caín, donde le regalo la inmortalidad a quien tiene la boca llena de mentiras.
- Ahora, pasando a un plano de mayor profundidad, ¿cómo y por qué surgió este libro?
Dejando al margen el fuerte contenido autobiográfico del libro, Desgracia en realidad es una reacción contra la hipocresía y el cinismo de la sonrisa neoliberal y su marketing de podredumbre. Hemos sufrido y sufrimos todavía las consecuencias de una pandemia que no sólo ha detenido nuestras vidas, sino que se ha llevado a muchos seres queridos. Ha sido doloroso, es terrible. La pandemia además ha mostrado la desigualdad entre ricos y pobres de una forma repugnante. Quienes vivimos en el primer mundo hemos podido vacunarnos mientras que cada día mueren personas que no tuvieron ninguna posibilidad de hacerlo. En los Estados Unidos existe todo un movimiento contra la vacuna, hasta el punto de que en algunos lugares las autoridades estaban dispuestas a pagar a sus ciudadanos para que se vacunaran. Es la grosería del capitalismo acompañada de una sonrisa en Instagram o un verso fácil. Creo que la poesía, la verdadera poesía, está para poner nombre a todo esto, al sufrimiento propio y ajeno, a un mundo injusto, insolidario y lleno de farsantes.
- Teniendo en cuenta lo reciente de la publicación de America en Copper Canyon, ¿qué Fernando es el que hallamos en America, y qué Fernando el que encontraremos en Desgracia?
Creíamos que podíamos permanecer sanos en un mundo enfermo. La frase no es mía, es del Papa Francisco. Al margen de que pueda ser creyente o no, creo que es la más brillante reflexión que se ha hecho sobre lo que nos ha ocurrido. En America comencé el libro con un poema que reproducía las diez plagas de Egipto en los Estados Unidos. El poema parecía una locura, una exageración. Pero las profecías se hicieron realidad para dejarnos el corazón helado. ¿La pandemia iba a hacernos mejores? Eso escuchábamos desde los púlpitos de las redes sociales, en la demagogia de la publicidad. Lo cierto es que lo único que demostró es que somos tan miserables como para tratar de sacar ventaja de la desgracia de los otros.
- ¿Cuál fue la parte más difícil de realizar en el proceso de creación del libro? ¿Existe alguno o algunos poemas que fueron especialmente difíciles de escribir?
Sin duda alguna: Caín. Se trata de un poema que escribí con los dientes. Algunas noches sentí cómo se me rompían las muelas. Quise hacer hablar a la serpiente y su veneno me agrió no sólo la boca. Es un poema verdadero, es un poema molesto, desquiciante. Habría querido ser Miguel de Unamuno o Lord Byron para que las palabras no me sobrepasaran, para que el lenguaje permaneciera dentro de los límites de la realidad.
- ¿Contemplaste en algún momento otro nombre? ¿Por qué te decantaste por “Desgracia”?
Nunca contemplé otro nombre. Es la palabra justa. Es evidente que no es un título comercial, que no recibirá miles de likes. Pero no me importa, me conformo con escribir para unos pocos lectores y el tiempo y la poesía emitirán su juicio cuando ni tan siquiera estemos aquí para escucharlo.
- Dejando a un lado a America, ¿qué vamos a encontrar en este libro que no tengan tus libros previos?
Siempre perseguí la belleza, incluso en los momentos más terribles. Siempre quise encontrar la manera en que la lluvia se convertía en un árbol para conceder el beneficio de la duda a la esperanza, esa araña negra del atardecer, como la llamó Ángel González. En Desgracia he querido concederle a lo sucedido toda su gravedad por respeto a quienes sufren. Vivimos en un mundo en el que todo es falso: sonrisas falsas, noticias falsas, ideologías falsas y hasta poesía falsa. No estoy diciendo que yo sea dueño de la verdad, porque me habría vuelto loco y estaría encerrado en el cuarto de un carpintero en Tübingen leyendo una y otra vez este libro en voz alta. Lo que trato de explicar es que he querido llamar cinismo al cinismo, llanto al llanto y dolor al dolor, sin importarme nada más que la inmensidad de las cosas sublimes.
- ¿De qué nos sirve desnudarnos ante los lectores? ¿Por qué desnudar nuestra desgracia?
Todos hemos sido tocados por la desgracia alguna vez. Para qué fingir. ¿Por vanidad, por dinero, por orgullo? La vida se nos escapa entre las manos como para pasar por el mundo como si se tratara de un teatro.
- ¿Qué esperas de este libro? ¿Cuál te gustaría que fuera su meta?
Me gustaría que alguien que haya sufrido una desgracia durante todo este tiempo encontrara un refugio en este libro. Nadie elige la manera en la que sufre. Nadie quiere cerca a un perdedor, a un tuerto, a alguien que llora. Ojalá Desgracia sea un consuelo para quienes sufren solos, engañados por la ficción de la imagen.
- ¿Desgracia termina en la página 108? ¿Qué viene para Fernando Valverde?
Viene la vida nueva. Dante es uno de los personajes del libro porque persiguió a Beatriz hasta el rostro de Dios. Al final lo único que nos salva es el amor. La página 109 son mi hijo y mi mujer y la determinación absoluta de que la bondad es el único argumento posible, la única razón para que estemos vivos.
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Cerramos con dos poemas de este nuevo libro de Fernando Valverde publicado por Visor Libros, disponible ya en todas las librerías de España y a través de Amazon Prime.
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LA PROFECÍA
Deberías saberlo.
Te lo han dicho las noches más largas que la vida,
te lo han dicho las sombras,
las ciudades que evitas en los mapas,
la lluvia deshaciéndose en sus muros.
Deberías saberlo.
Te lo han dicho los grandes diluvios y las arcas,
te lo han dicho las bocas que queman como soles,
te lo ha dicho hasta el cielo.
Búscalo en los bolsillos,
hay una nota dentro, hay un poema;
deberías saberlo.
Lo has escrito en los márgenes,
lo has escrito en la piedra y lo repiten
los milenios, los bosques, las corrientes,
te lo han dicho los truenos
con su terror de aguja,
te lo ha dicho la nieve debajo de otra nieve
por millones de años
a los pies del desastre
lo has leído en los bordes dorados de la cúpula,
lo has leído en las lápidas,
estaba en los poemas:
deberías saberlo
la mujer que gritaba
la ruina de tu nombre,
la inquina solitaria,
tu estirpe miserable.
Puedes abrir la tierra con las manos,
puedes sacar la arena de tu pecho,
puedes romper las cosas que están rotas,
puedes gemir de rabia
pero no va a cambiar.
Te lo han dicho hasta en sueños.
«No vayas a matarme», repetías,
y al final despertabas.
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HOY
Un día
un día cualquiera
el último
y terrible
escucharé tu nombre
rompiéndose
las olas
mi amor está en el suelo
no vayas a pisarlo
cruza mi soledad sin detenerte.
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Sigue a Fernando Valverde:
Twitter: @valverdefernan
Instagram @fernandovalverdeoficial
