SIN PODER DORMIR
La noche intensa camina sobre las hojas de los árboles,
el ruido inconsolable traspasa una abertura
casi insignificante que se abre con indiferencia
a un acecho que regocija detrás de lo secreto.
Una leve sirena de ambulancia
rodea el perímetro de calma
y los ruidos casi indistinguibles
sobre la superficie de la habitación
caen como una gota de lluvia hacia el oído alerta.
El miedo comienza a destorcer rigideces,
la palidez del rostro fulmina a los gestos previos a dormir.
La mente se sobreestimula y comienza
a reducir el margen de calma.
El insomnio define una situación inconcreta
que se posa ante un día cualquiera.
Cierro los ojos y encuentro vastedad de peligros.
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MALOS DÍAS
Pasan los días arrasándome en ciertos momentos
donde mis pensamientos se acomplejan sobre mí,
me indefinen y me borran de la superficie estable,
me desequilibrio, me tambaleo,
se me difumina la falaz calma
y comienzo a fermentarme de reliquias dolientes.
Entro en el umbral de averiadas situaciones
y ya sabes, una vez que entras
la puerta de salida se vuelve el único anhelo inalcanzable,
el pacto que termina hundiéndote definitivamente,
la cerradura sobre la rutina, el cuento sin final feliz.
Pasan las noches con la oscuridad palpando mi piel
y las luces me rodean, mi sombra se dobla
entristecida hacia mi pecho,
hacia mi corazón abierto,
hacia las brasas que definen el destino.
Avanza el tiempo entre las rendijas de mis párpados,
no tengo miradas suficientes ni visiones
que exhalen esperanza.
Pero como tú sabrás,
en todos momentos estás tú,
en los buenos, en los malos, en los horribles, en los deleites.
Tu presencia es sincera,
porque llevarte conmigo es llevar una sonrisa
en medio del trueno,
es traer conmigo un apapacho en la cúspide de un suspiro,
es existir con la magia en los bagajes mentales.
Pienso en ti, la magia me envuelve
y no me suelta, o, mejor dicho, no me alejo,
doy vueltas hasta encontrar tu rostro
y cierro los ojos y te sigo viendo y los abro
y estás nuevamente ahí.
Ahora mismo los días han sido de un tono gris
que corrompe los colores
pero momentáneamente, fortuitamente,
llega tu presencia y sonrío
y tengo más ganas de cruzar este laberinto que me aprieta
y esa espontaneidad con la que apareces
me recuerda que ningún mal día es eterno.
.
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ARDIENDO
En el acto de valerosidad dos cuerpos
encienden una mecha que traspasa
el volumen intenso de penumbra.
La oscuridad se reduce a un áspero grito
chillando sobre un elástico vacío,
y las formas vivas comienzan a brotar
de los espacios ausentes.
Se calla ante el asombro
entonces una chispa determinante
vuelve a su sitio.
