DEL ALIMENTO
La aureola del seno se crispa
como un atardecer
y el niño bebe el sol cansado
de cargar en su lomo toda la luz del día.
La tarde crece en el vientre del niño
mientras la rosa amaina a la ceniza
para salvar los jadeos de su raíz.
La madre arrastra la sangre
hasta la boca que a penas gesticula
y se reconoce en la rosa
que amansa a la muerte
en el umbral de una eternidad desnuda
que aún le teme al tiempo.
.
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DESERCIÓN
Creímos erigir un hogar
sobre las ruinas,
pero cada grieta nos hablaba
del olvido de una verdad.
Meciste tu dolor
en el mío
y nuestras heridas
fueron espejos.
Los abismos que sellábamos
cada mañana
se ampliaban al anochecer;
cuando más allá de los muros
titilaban figuras de fuego.
Temí abandonar las ruinas,
desertar de la salvación:
sin embargo,
elegí ser el leoncillo de hambre infinita
que rasga la imagen de dios
y se consagra al miedo.
.
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CRÓNICA DE RÍO II
Al otro lado del mundo
una niña aprende a nadar
en el lenguaje del árbol
que tras comer el fruto
descubre su desnudez.
En la danza con los peces
le hace un espacio a la levedad
para que fecunde sus huesos.
La niña se sumerge con su lenguaje de árbol,
en un aura de movimientos infantiles
y en el agua empieza a ahogarse
el recuerdo de la tierra.
