*
Por ejemplo, pienso ahora en la noción de orfandad:
establece que las cosas nacen solitarias
y las lleva a buscarse las unas con las otras.
Así, la nube se junta una por vez con su variante,
el parpadeo ciego con el brillo que lo antecedió,
el fruto con la caída que vendrá. Cuentan que en días dorados
la inconciencia era espléndida, la cabeza inocente en el inicio
era un lirio del campo. Dicen que el tenaz mecanismo
no había entrado todavía en acción,
dicen que recién amanecía
y ya todo se veía resplandeciente.
.
.
**
Se astillaron las ramas, caían pájaros
sin claridad alguna, sin motivo
plenamente inconscientes
caían como frutos,
se desgajaban de la realidad
la escena era como de fin de mundo
aun así, se trataba de una estampa viviente:
había un pálpito verde, retumbaba
a través de las hojas
se dice que fueron días de revelaciones,
que el prodigio no ha vuelto
y que la memoria lo registró todo.
.
.
***
Cuerpo presente aparecido de las cosas,
todo lo quieto detenido por donde pasa lo fugaz.
Esa flor con las alas abiertas en suspenso
y ese aire
y el agua que la envuelve como un aire más grave
y la taza y la fuente en equilibrio, sin respirar.
Todo lo quieto detenido por donde pasa lo fugaz.
Cómo duran los restos de la noche en la mañana,
cómo brillan y ensombrecen todavía con algo de árbol
y de antorcha. Mientras tanto,
las voces que vinieron de la calle trajeron otra música
dentro del pensamiento. Y todo,
todo se pierde bajo el aura inolvidable de la luz
que no se deja
asir.
.
.
****
Su cabeza se erguía, sin embargo
un movimiento interno la empujaba hacia el fondo,
hacia el perpetuo hundirse de las cosas
en los ríos alternos. Quizá por eso yo la veía despeñada,
en caída libre. Dolor ignoto, precipicio,
andarivel ausente en que se abisma un padre.
Su cabeza se erguía, sin embargo. Y así,
como una estampa hecha de turbulencia,
quedó clavada la perpetua lanza
y el filo de la luz desesperada y bella.
Y ya es recuerdo mi propio pensamiento
y es corola de sombra y de la luz alzada
en el espejo súbito de la vieja memoria.
.
.
ARMONÍA DEL MUNDO
Los movimientos planetarios no son, así,
más que una misma polifonía continua que progresa
a través de tensiones disonantes
hasta ciertos puntos de consumación.
Johannes Kepler
Armonía del mundo, ya es hora, se abre un párpado,
es el día que avanza, se hace descifrar;
las cosas se disuelven y todo aguarda y tiembla,
arroja su pregunta como un hilo de agua:
¿Quién volvió de la noche con su lámpara?
¿Hay alguien que responde? ¿Por qué el sueño retiene
a la presa que somos en su carcasa inmóvil?
¿Y quién en esta hora pregunta por sus muertos?
¿Por qué ninguno de ellos regresa todavía?
Armonía del mundo, dónde estará ese arco perfecto
en que creíamos. A ciegas en la luz comienza el día,
la armonía del mundo se pliega y se despliega
en su limbo de luz, en su crisálida.
