EXTRAÑO SIN NOMBRE
Cuando la tenue luz de tu memoria
me alumbra
y aparezco entrando de la calle, otra vez,
para sentarme a leer a escondidas.
Cuando me vuelvo un nombre
entre los nombres
que llegan apretados
entre tus labios
y tu mano no puede tocarme
porque soy sólo un recuerdo
entre los sueños
que te sueñan.
El olor a la madera que ardía,
el ruido de los vecinos que murieron ya
y la calle desvaneciéndose
en tus ojos
que me miran (lo sé):
extraño
sin nombre.
.
.
EN RETIRADA
Este mar
sin navíos
astillándose
contra mi orilla derecha
para que lo mire irse
por todos los horizontes
hasta ser una línea
y nada más
hasta secarse
y dejar desiertos
silenciosos
sin bruma
quebrándose
abriéndose
para que salga la palabra
esa que estaba frenada:
brote de la tierra seca
en este mar en retirada.
.
.
HASTA DONDE ESTÁN LOS ÁRBOLES
La calle pasa por debajo de la soga.
Pasa la vida
y van al laberinto
las hormigas
después
de buscar las migas.
Podría ser carne.
Los pedazos caídos
cuando nos desnudábamos
y había sol
y hambre
y sed
y el miedo estaba intacto,
temblando, acurrucado,
como si fuera un gato.
Mirándote sin pudor,
cayendo
donde van las hormigas,
llevándonos de a pedacitos
hasta donde están los árboles
y no hay ruido.
.
.
SE HAN SECADO LOS GIRASOLES
Se han secado los girasoles,
y tal vez mañana
el sol
se caiga
marchito y sediento
en esta tierra quebrada,
sin brotes,
que piso ahora.
Me va a despertar
la luz cuando
me cruce
y el estrépito
de la nada
rompa
la mañana
y el dedo de Dios señale
mi mano
con la que me dediqué a tachar líneas
y nombres
hasta dejar vacío
el cuaderno
como esta tierra
misma,
vacía,
donde nos secamos.
.
.
UNA PUERTA ABIERTA
Se iban
las cenizas
por el agujero negro,
haciéndose oscuridad,
pasado
y nada.
Se iban como los sueños
chiquitos
para volverse tierra
lejos
de aquí,
arena de algún reloj
del mar
que se mete por las noches
en mi cama,
por esa puerta abierta
de mi nada,
de tu todo,
y se vuelve este barro
que cuando despierte
será ausencia.
