De reojo el ruido es el mismo
La falsa llama está deformando el mundo
y finalmente cansados
—sin patrones que olvidar—
recurrentes historias de terror
sacuden espejismos
entre miles de toses fieles
a la juventud del cielo
La torpeza de todos esos años
las primeras sonrisas
los labios rojos…
No hay caricia que iguale esa nobleza.
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Estas palabras hijas de un sentimiento inútil
—idea estéril que perfora la piel—
pertenecen a una sombra sin dueño
A la luz terrenal del día,
migratoria especie inacabable
son voz espesa que se doblega ante el tiempo
Un vaso cerrado
frente a una luz que mira
una flor que llora
contra un abismo nocturno
el fusil que fue usado para predicar
el camino de los días.
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***
Tengo una fantasía
Puedo verte enmudecido
por una brisa mediterránea
que en contraste con tus ojos claros
soporta mil siglos las profundidades
donde llega el espíritu
De repente, tu alma
se vuelve un ave salvaje
que me muestra sin desgracia
la afinidad que existe
entre invierno y fuego.
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Crecer es una raíz antigua
que proviene del lamento de una madre
Es la fuerza vencedora del mundo;
millones de huesos tejen la oración a la quimera
que sujeta los eslabones del tiempo
La mirada enturbia su placidez
dispersa en un segundo impreciso
La levedad del cuerpo que la importuna
sujeta en el último grito, la vida.
