Jacobo Fijman (Orhei, Besarabia, actual Moldavia, 1898 – 1970). Poeta judeoargentino. Cuando tenía cuatro años, su familia se exilió en Argentina; donde Jacobo residió desde entonces. Desde su adolescencia su vida estuvo marcada por profundas depresiones, pero también por una sed de autenticidad inigualable. Fue músico callejero, periodista punzante y poeta irreverente.

Jacobo Fijman: Seremos amigos durante la vida que nos dé el arte.

TODO LO QUE UNO RECIBE ES PASIÓN

Todo lo que uno recibe es pasión

No soy enfermo. Me han recluido. Me consideran un incapaz. Quiénes son mis jueces…Quiénes responderán por mí.

Hice conducta de poesía. Pagué por todo.

Sentí de pronto que tenía que cambiar de vida. Alejarme del mundo. Y me aislé. Me fui de todos, aun de mí…

Hoy es la demencia un estado natural.

Todas las palabras son esenciales. Lo difícil es dar con ellas.

El delirio son instantes. Puede durar toda la vida.

Mi poesía es toda medida.

El arte tiene que volver a ser un acto de sinceridad.

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ACERCA DE LAUTRÉAMONT /1

Lo imagino rubio. De ojos celestes. Alto, varios metros. La piel azul y las manos huesudas. Dotado de una gran imaginación. Pero satánico.

Atormentado por las cosas reales y vulgares y por las ideas que se hacía del más allá de la muerte y de la muerte misma.

Era lo que diríamos hoy, un introvertido. Se lo supone fino, elegante, de una dentadura tremenda; con colmillos.

Debe estar ahora no en el infierno sino en el hades, que es el reino de la muerte.

El está como dormido; insomnis mortis.

Durante su vida debe haber abusado de las drogas que llevan a los otros paraísos, los paraísos del mal.

Eso, es lo que se deduce de sus escritos. Donde se hace sentir su soledad y su desesperanza.

No tenía nada de religioso. Era un muerto, como diría un teólogo moralista.

No supo nunca más que de penas y no dio nunca con la constricción, ese dolor perfecto, ni con la tricción, ese dolor imperfecto al que se entregan los pecadores arrepentidos para que se les restituya a la primera gracia y continuar su vida penitencial hasta arraigarse en un estado de paz y esperar la buena muerte.

Pero él no da señales de haber tenido ninguna instrucción religiosa —aunque nombre mucho a Dios— que lo pudiera llevar a la salud espiritual.

Sin embargo. A pesar de todo lo quiero y lo voy a ayudar.

Este hombre atormentado. Buscó con avidez; pero por si mismo no dio con nada más que con el sufrimiento y la demencia de gran poeta.

Nació en el Uruguay, y se supone que haya muerto. Aunque nadie lo sabe.

Es como si no hubiera existido como ser físico.

Era de agua. Era flemático de temperamento y lo concibo como existiendo en un mar agitado y oscuro.

Dios no quiso que lo conociera, no quiso concederle la gracia que concede al resto de los mortales, a los fieles que componen el cuerpo místico de Cristo.

Lautréamont era soberbio; se negó a rebajarse a ser un niño.

No amó las cosas de la tierra como las aman algunos privilegiados de complexión melancólica. El amaba lo que no sabía; buscaba a Dios pero no dio con Él. Se supone que Dios no quiso darle los beneficios que entrega a criaturas más inferiores con su naturaleza.

Lautréamont me conocía y me conoce. Como juez he tenido que verlo. Me pidió que no lo olvidara. Que intercediera por él ante Dios que es mi amigo.

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ACERCA DE LAUTRÉAMONT /2

Hace un tiempo nos encontramos en otra región. Cuando lo vi, estaba como despejándose del sueño. Estaba con aguas, con algas, pero no con peces. Los peces se habían ido. Estaba acostado en el mar. Yo caminaba sobre las aguas y lo llamé: Lautréamont, Lautréamont, le dije, soy Fijman.

Y él me contestó que me quería. Que seríamos amigos ahora en el mar, porque los dos habíamos sufrido en la tierra. Pero no lloramos. Nos abrazamos. Después quedamos en silencio.

Jacobo Fijman (Orhei, Besarabia, actual Moldavia, 1898 – 1970). Poeta judeoargentino. Cuando tenía cuatro años, su familia se exilió en Argentina; donde Jacobo residió desde entonces. Desde su adolescencia su vida estuvo marcada por profundas depresiones, pero también por una sed de autenticidad inigualable. Fue músico callejero, periodista punzante y poeta irreverente. Jacobo Fijman: Seremos amigos durante la vida que nos dé el arte.