EN ESO CONSISTE LA VIDA
En mi ciudad fría y melancólica llueve a cántaros. Lo veo desde mi ventana, lo escuchan mis oídos. Un cielo triste y grisáceo nos cubre hace cuarenta días. Al final de estos trece pisos, las gotas chocan contra unos céspedes, unos andenes y unas calles solitarias. Aquí, todos huimos, tememos. En la otra ciudad, adonde no llega mi mirada ni mi oído, muestran en las pantallas que hace sol. La gente lucha por sobrevivir. Algunos pierden, otros triunfan. Allá nadie huyó, está prohibido temer. En eso consiste la vida. Mañana saldré, quizá aparezca en alguna pantalla como otro sobreviviente más.
Texto ganador de IX concurso de cuento, categoría microrrelato,
Universidad “El Bosque”, Bogotá, Colombia (2022).
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EN ESO CONSISTE LA FELICIDAD
Correr y saltar, saltar y correr. Comer y cagar, cagar y comer. Jugar y dormir, dormir y jugar. Para eso nos hizo Dios en su naturaleza animal. En eso consiste la felicidad. Ser feliz. Estar feliz. Nada más. Aunque creo que la felicidad no hace parte, en este momento, del ser y del estar en la vida de Matías. Desde que llegó, no hace mucho, no ha hecho sino mirar alrededor con ojos perplejos, observar con rencor y gritar con tristeza. No sé a quién le dirige sus palabras: estamos los dos solos en este apartamento. Creo que es una forma de liberarse de la intranquilidad que trae de la calle. Así son los humanos. Corro entre las hojas del florero caído. Salto sobre la basura regada. Como de las vasijas en donde siempre está mi concentrado. Cago en la arenera que ayer le ayudé a limpiar. Juego con los libros que tiene puestos en el piso. Ya siento sueño. Miro a Matías y le digo lo único que se me ocurre: ¡miau! Se calla. Se ríe. Se sienta. Me acuesta en sus piernas. Me duermo.
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LA VIDA ES CORTA
Me despierto el lunes un poco tarde. Al levantarme del sofá me pierdo en el martes. Corro hasta la puerta para estrellarme con el miércoles. Salgo al camino que ineludiblemente conduce hasta el jueves. Al final del callejón se preparan las desmesuras propias del viernes. Mi cuerpo sabe que el sábado ya no madrugo, así que se pone feliz. El paso de las horas me conecta con el domingo, día ideal para salir a caminar por un parque citadino. Rendido, volveré a casa para descansar, con la esperanza de despertar temprano una vez más en esta mañana repetitiva de lunes.
