VOZ EN LA OSCURIDAD
Cuando eres chico, estás muy mal informado. Entonces imaginas. Más tarde, imaginar se vuelve algo complicado. Entonces te informas. Entonces te vuelves grande. Y no hay nada de malo en eso. Es el orden de las cosas. Y las cosas están bien hechas. Ya que nos impiden regresar hacia atrás. Lo cual está muy bien. Y las cosas están bien hechas. Ya que nos impiden regresar hacia atrás. Lo cual está muy bien. Porque, si por alguna remota posibilidad del azar, un hombre cruzara su camino con el niño que fue, y si ambos se reconocieran el uno al otro, se derrumbarían hasta el suelo, el hombre de desesperación, el niño de pavor.
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La gente sólo cree en lo que puede ver y tocar. De hecho, ya no quieren creer. Quieren saber. Saber. No creen que la tierra es redonda, lo saben. Entonces ya no creen en ello. No creen que el cielo es azul, lo saben, entonces ya no creen en ello. Y la gente se quedó con lo que sabía sobre mí… ¡Lo que sabía sobre mí! Pero el resto, el resto, que está en mí, alrededor de mí y que me pertenece, esta parte tan pequeña hecha para que se crea en ella, esta parte de mí que es más real de lo que podría ser mi piel, mis huesos y mi sangre, esta parte que sus ojos cansados nunca podrán ver, esta parte no la tendrán, aún está en camino, libre como los colores de la noche. Esta parte de mí está escondida, escondida, escondida… de mí mismo, es esa parte la que realmente existe. Al menos quiero creerlo, quiero creerlo… para que la vida, que empieza para mí, y la muerte, que podría golpearme en cualquier instante, me sean ambas más bellas, más aceptables y más felices.
Fragmentos de la obra literaria “Alphonse”.
