Sylvia Plath (Massachusetts, Estados Unidos, 1932 – 1963). Poeta y ensayista norteamericana. Procedente de una familia de ascendencia alemana, mostró desde pequeña un gran talento para la poesía, escribiendo sus primeros poemas a la edad de ocho años. Sin embargo, muy pronto presentó un severo trastorno bipolar que la condujo al primer intento de suicidio antes de los diecisiete años. Sometida a un intenso tratamiento psiquiátrico, pudo graduarse con honores en 1955 en el prestigioso Smith College. Obtuvo una beca Fulbright para la Universidad de Cambridge, donde continuó escribiendo poesía y conoció al poeta Ted Hughes, con quien se casó en 1956. Su menguada salud, sumada al divorcio en 1962, la llevaron a quitarse la vida un año después. Su obra fue reconocida posteriormente, gracias al impulso recibido por parte de Hughes, quien se encargó de promoverla. Fue la primera poeta en recibir post-mortem el Premio Pulitzer por el conjunto de su obra en 1982.

Sylvia Plath: Las flores ni siquiera tuvieron que llamar a la muerte.

ESPEJO

Soy de plata y exacto. Sin prejuicios.

Y cuanto veo trago sin tardanza

tal y como es, intactos de amor u odio.

No soy cruel, solamente veraz:

ojo cuadrangular de un diosecillo.

En la pared opuesta paso el tiempo

meditando: rosa, moteada. Tanto ha que la miro 

que es parte de mi corazón. Pero se mueve.

Rostros y oscuridad nos separan 

sin cesar. Ahora soy un lago. Ciérnese

sobre mí una mujer, busca mi alcance.

Vuélvase a esos falaces, las luciérnagas

de la luna. Su espalda veo, fielmente

la reflejo. Ella me paga con lágrimas 

y ademanes. Le importa. Ella va y viene.

Su rostro con la noche sustituye 

las mañanas. Me ahogó niña y vieja.

.

.

SOLTERONA 

Esta chica de quien hablamos

es un paseo de abril ceremonioso

con su último pretendiente 

súbitamente se asombró muchísimo

de charlar de los pájaros 

y las hojas caídas.

Así, afligida, ella

vio que los ademanes de su amante

agitaban el aire y se irritó

entre el caos de flores y helechos 

acres. Juzgó los pétalos 

confusos, la estación ajada.

¡Cómo deseo el invierno!

Austeramente, en orden minucioso 

de blanco y negro

de hielo y roca, todo deslindado,

de corazón a fría disciplina

sometió, exacto cual copo de nieve.

Pero he aquí: un capullo 

de sus cinco sentidos de gran dama

una grosera confusión deduce:

traición intolerable. Que el idiota

se rinda al caos de la primavera:

prefirió retirarse.

Y rodeó su casa 

de alambradas y muros impasables

contra el tiempo rebelde

tanto que nadie lo rompiera

con maldiciones, puños y amenazas,

ni con amor tampoco. 

.

.

LADY LAZARUS

Lo he vuelto a hacer. 

Lo consigo una vez cada diez años. 

(…) 

Esta es el número tres.         

Qué manera de tirar a la basura Cada década. 

(…) 

De cualquier manera, soy la misma, idéntica mujer. 

La primera vez que me pasó tenía diez años.

Fue un accidente. 

La segunda vez intenté 

Llegar hasta el final y no volver más.   

Me encerré 

Como una concha de mar. 

Ellos tuvieron que llamar y llamar 

Y sacarme los gusanos como perlas pegajosas. 

Morir 

Es un arte, como todo lo demás. 

Yo lo hago excepcionalmente bien.

.

PAPI

Tú ya no, tú ya no 

Me sirves, zapato negro 

En el que viví treinta años 

Como un pie, mísera y blancuzca,         

Casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar. 

Papi, tenía que matarte, pero Moriste antes de que me diera tiempo.

Saco lleno de Dios, pesado como el mármol, 

Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris, 

Tan grande como una foca de Frisco, 

Y una cabeza en el insólito Atlántico        

Donde el verde vaina se derrama sobre el azul, 

En medio de las aguas de la hermosa Nauset. 

Yo solía rezar para recuperarte.    Ach, du. 

En tu lengua alemana, en tu ciudad polaca

Aplastada por el rodillo 

De guerras y más guerras. 

Aunque el nombre de esa ciudad es de lo más corriente.

Un amigo mío, polaco, 

Afirma que hay una o dos docenas.        

Por eso yo jamás podía decir dónde habías                                                    

Plantado el pie, dónde estaban tus raíces. 

Ni siquiera podía hablar contigo. 

La lengua se me pegaba a la boca. 

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas. 

Ich, ich, ich, ich,    

Apenas podía hablar. 

Te veía en cualquier alemán. 

Y ese lenguaje tuyo, tan obsceno.

Una locomotora, una locomotora       

Silbando, llevándome lejos, como a una judía. 

Una judía camino de Dachau, Auschwitz, Belsen. 

Empecé a hablar como una judía. Incluso creo que podría ser judía. 

Las nieves del Tirol, la cerveza rubia de Viena    

No son tan puras ni tan auténticas. 

Yo, con mi ascendencia gitana, con mi mal hado

Y mi baraja del Tarot, y mi baraja del Tarot,   

Bien podría ser algo judía. 

Siempre te tuve miedo: a ti, a ti 

Con tu Luftwaffe, con tu pomposa germanía, 

Con tu pulcro bigote y esa 

Mirada aria, azul centelleante. 

Hombre-pánzer, hombre-pánzer, Ah tú… 

No eras Dios sino una esvástica                 

Tan negra que ningún cielo podía despejarla. 

Toda mujer adora a un fascista,    

La bota en la cara, el bruto      

Bruto corazón de un bruto como tú. 

Mira, papi, aquí estás delante del encerado, 

En esta foto tuya que conservo, 

Con un hoyuelo en el mentón en lugar de en el pie, 

Mas sin dejar por eso de ser un demonio,

El hombre de negro que partió 

De un bocado mi lindo y rojo corazón. 

Yo tenía diez años cuando te enterraron.                                                 

A los veinte intenté suicidarme           

Para volver, volver a ti. 

Creía que hasta los huesos lo harían. 

Pero me sacaron del saco 

Y me amañaron con cola. 

Y entonces supe lo que tenía que hacer.                                                    

Creé una copia tuya,                              

Un hombre de negro, tipo Meinkampf, 

Amante del tormento y la tortura. 

Y dije sí, sí quiero. 

Pero, papi, esto se acabó. He desconectado                                                

El teléfono negro de raíz, las voces           

Ya no pueden reptar por él. 

Si ya había matado a un hombre, ahora son dos: 

El vampiro que afirmaba ser tú                  

Y que me chupó la sangre durante un año,                                                           

Siete años, en realidad, para que lo sepas. 

Así que ya puedes volver a tumbarte, papi. 

Hay una estaca clavada en tu grueso y negro

Corazón, pues la gente de la aldea jamás te quiso.                                                                        

Por eso bailan ahora, y patean sobre ti.      

Porque siempre supieron que eras tú, papi,     

Papi, cabrón, al fin te rematé. 

.

.

SOY VERTICAL

Pero preferiría ser horizontal. Yo 

No soy un árbol enrizado en la tierra, 

Absorbiendo minerales y amor materno 

Para rebrotar esplendoroso cada mes de marzo, 

Ni tampoco la belleza del arriate del jardín 

Que deja boquiabierto a todo el mundo y a la que

Todo el mundo quiere pintar maravillosamente,

Ignorando que muy pronto se deshojará. 

Comparados conmigo, un árbol es inmortal, 

Una cabezuela, no muy alta, aunque más llamativa,      

Y yo anhelo la longevidad del uno y la osadía de la otra. 

Esta noche, bajo la luz infinitesimal de los astros, 

Los árboles y las flores han estado esparciendo sus aromas frescos. 

Yo paseo entre ellos, aunque no se percaten de mi presencia. 

A veces pienso que cuando duermo 

Es cuando más me parezco a ellos – Desvanecidos ya los pensamientos. 

En mí, el estar tendida es algo connatural. 

Entonces el cielo y yo conversamos abiertamente. 

Y seguro que seré más útil cuando al fin me tienda para siempre:                                                                                     

Entonces quizás los árboles me toquen por una vez,                    

Y las flores, finalmente, tengan tiempo para mí. 

Sylvia Plath (Massachusetts, Estados Unidos, 1932 – 1963). Poeta y ensayista norteamericana. Procedente de una familia de ascendencia alemana, mostró desde pequeña un gran talento para la poesía, escribiendo sus primeros poemas a la edad de ocho años. Sin embargo, muy pronto presentó un severo trastorno bipolar que la condujo al primer intento de suicidio antes de los diecisiete años. Sometida a un intenso tratamiento psiquiátrico, pudo graduarse con honores en 1955 en el prestigioso Smith College. Obtuvo una beca Fulbright para la Universidad de Cambridge, donde continuó escribiendo poesía y conoció al poeta Ted Hughes, con quien se casó en 1956. Su menguada salud, sumada al divorcio en 1962, la llevaron a quitarse la vida un año después. Su obra fue reconocida posteriormente, gracias al impulso recibido por parte de Hughes, quien se encargó de promoverla. Fue la primera poeta en recibir post-mortem el Premio Pulitzer por el conjunto de su obra en 1982. Sylvia Plath: Las flores ni siquiera tuvieron que llamar a la muerte.