Justyn Settles es un poeta estadounidense que ha dedicado años a estudiar el poder de la poesía para iniciar revoluciones, derribar fronteras y sanar el alma. Apasionado por la reforma migratoria y amante de los tatuajes, cuenta con una maestría en teología y una licenciatura en poesía latinoamericana. Durante los últimos catorce años ha vivido entre Puebla, México y Lexington, Kentucky, mientras sus dos gatos cuidan de su hogar.

Justyn Settles: Las nubes buscan desesperadamente las formas de la luz.

EL ESPECTRO DEL AMOR

Pensé que nunca más volvería a verte.

Cuando me dijiste que se acabó

Te ayudé a empacar tu maleta,

Doblé con cuidado tu vestido preferido

Para que no se arrugara,

Cubrí los marcos con tus fotos

Con plástico para que no se rompieran

Durante tus aventuras nuevas. 

Llevé las cajas con todas tus cosas

A tu coche y me despedí de ti.

Te observé desde la ventana

Hasta que tu coche se desapareció en el horizonte.

Cerré la puerta de nuestra habitación

Tiré la llave a la basura

Y sellé la entrada con cadenas.

Eso era todo lo que podía hacer

Para ayudarme a olvidarte.

Pero hace unos días, en plena noche

El suave eco de las duelas del piso crujiendo,

Y de las puertas abriendo y cerrando

Me despertaron, como si alguien caminara por la casa.

Traté de seguir el sonido

Y me encontré recorriendo de nuevo

Ese pasillo bien conocido donde te vi por última vez.

La puerta estaba abierta,

Y un debil rayo de luz me hizo un señal 

Como un dedo fantasmal invitándome a entrar.

Vi tu vestido de nuevo colgado en el closet 

Tal como siempre te gustaba,

Las fotos de nosotros riéndonos y felices 

Regresaron a la mesa de noche,

Y tu perfume flotaba en el aire 

y cayó en mi boca como un beso olvidado.

En la mañana me encontré arropado en mi cama,

Con la cabeza dando vueltas

Y sin memoria de como llegué allí.

Intenté volver al cuarto, 

Pero encontré el pasillo abandonado,

Invadido por el polvo y las telarañas

Que lo cubrían todo.

Buscaba la puerta pero mis manos

Solo encontraron la cadena oxidada

Que encerraba mis memorias de ti.

Descendí a la cocina y me senté a la mesa,

El tenue aroma de tu perfume en mi nariz

Era la única prueba de lo que me pasó.

Preparé una taza de café

Y en la luz del amanecer medité sobre la noche.

No creo que nuestros amores mueran.

Tal vez a veces se van por un tiempo,

Pero regresan como fantasmas en la noche, 

Efímeras memorias que nos recuerdan  

Que en los asuntos del corazón

No hay tal cosa como decir adiós.

.

.

EMBORRACHARME MÁS DE TI 

A mi abuelo le gustaba terminar cada día

Con un vaso alto de bourbon en su patio.

Mi abuelo decía que eligió su bebida

Como eligieras una canción en una máquina de discos,

Pasando el dedo sobre cada botella,

Decidiendo con cuidado cual whiskey

Sería la banda sonora de su noche.

Se servía su vaso y lo sostenía hacia el cielo,

Dejando que suenen las notas ambarinas del bourbon,

Prestando mucha atención en todas las formas 

En que la última luz del sol del día bailaba en el cristal.

«Cuidado», me decía después del primer sorbo.

«Es fácil perderse en un vaso de bourbon.

Te sientes como poco a poco se apodera de tu cuerpo

Y antes de que te des cuenta, nunca quieras irte».

Hoy, cuando te sientas en frente de mí,

Disculpándote por llegar directamente del gimnasio,

Por fin comprendo lo que mi abuelo quería decir.

Mientras me cuentas las pequeñas historias de tu día

La suave luz de la vela de la mesa relumbra tu cara.

En ese momento tu mirada es un atardecer de ámbar y oro

Que me sumerge en la embriaguez de tus ojos.

Mi corazón late al ritmo de tus palabras y tu aliento.

Cada sonido de tu voz es un sorbo de caramelo, 

Que acaricia mi alma con su dulzura y su calor, 

Mis mejillas se ruborizan como flores en la primavera.

Ya me siento ebrio por tu belleza.

Te ríes y me preguntas qué me pasa,

Pero me siento en silencio, sonriendo,

Perdido en tu mirada adictiva

Mi lengua retorciéndose y girando en mi boca

Buscando desesperadamente las formas

Que producirían las palabras necesarias para decirte

Que espero que nunca me canse de emborracharme

Con la forma en que me miras.

.

.

CALIGRAFÍA DIVINA

Bajo la luz tenue de un atardecer invernal

Las nubes se abrazan cerca de la tierra

Para escapar del frio,

Los copos de nieve titilan

y caen al suelo como estrellas centelleantes,

Y las siluetas negras de las montañas

Suben, descienden, y se curvan 

Como si fueran la mano de Dios

Dejando su firma

En cada pico y valle,

Para recordarme

Que en este mundo majestuoso

No estoy solo.

Justyn Settles es un poeta estadounidense que ha dedicado años a estudiar el poder de la poesía para iniciar revoluciones, derribar fronteras y sanar el alma. Apasionado por la reforma migratoria y amante de los tatuajes, cuenta con una maestría en teología y una licenciatura en poesía latinoamericana. Durante los últimos catorce años ha vivido entre Puebla, México y Lexington, Kentucky, mientras sus dos gatos cuidan de su hogar. Justyn Settles: Las nubes buscan desesperadamente las formas de la luz.