Edgar Bayley (Buenos Aires, Argentina, 1919 – 1990). Fue poeta, cuentista, ensayista y dramaturgo. Su nombre se encuentra asociado a las vanguardias de las décadas del 40 y 50. Destacado poeta, elabora un universo que escapa a las convenciones poéticas habituales en su tiempo. Trabajó como bibliotecario y en la secretaría de cultura durante la presidencia de Arturo Frondizi. En 1977 recibió el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía.

Edgar Bayley: El poema es asomarme y mirar.

ABRIR LA PUERTA

me pregunto

y es una pregunta inmoral

si servirá de algo abrir esa puerta

que da al patio

a la tierra

al viento del mundo

a los pasos de la gente

me pregunto

si servirá de algo escribir

a estas horas de la noche

en el silencio de mi habitación

con la puerta cerrada

sería tan sencillo

me digo

abrir por fin la puerta

y asomarme y mirar

dejando que me lleven

los pasos y la sombras del camino

me pregunto si servirá de algo explicar

por qué no explico

cuando tanta palabra y confidencia

intentaron traducirme

y ponerme al descubierto

si servirá de algo abrir la puerta

me pregunto

y andar por el patio

por el mundo entre la gente

abrir de par en par la puerta

para que todo pueda cumplirse

como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente

como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo

como el canto de las aguas y el susurro de la siesta

como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados

para que todo pueda cumplirse

la luz la noche la inocencia

el nombre que pasa entre las ramas

la puerta se abrirá enteramente

se abrirá por fin la puerta

por si alguno

quiere volver a entrar o salir

o curiosear entre mis cosas

o esperarme mientras vuelvo

y si tardo y no regreso

salir al viento

y olvidarme.

.

.

EL BRAZO

Entrega tu sueño

al pájaro del alba.

Tú ya no puedes penetrar el aire.

Vuelve

con los brazos abiertos,

en silencio.

No despiertes al mar.

Entrega tus tambores.

No te expliques nada,

deja al cielo la noche.

Ya es hora.

Cada recuerdo queda

con su guerrero propio.

No te expliques nada,

no pidas el rescate

ni la palabra justa.

El nido abre su piel

para alojar tu voz.

La rosa del viento

aclara tu alfabeto.

Los coros descienden

a la luz de otra luna.

Yo entrego mi temor

y la esperanza.

Toda noche vuelve

al borde del espejo.

Vuélvete,

deja tu nombre

y tu defensa.

En el claro del viento

otra palabra te sorprende.

Los árboles giran

quince años atrás.

La espesura del alba

ha cambiado los tiempos.

Abandona más todavía;

espanto,

trinos,

el agua de siete colores,

tu mano sumergida,

aquella rosa,

estos labios

y el sombrero

de los cuatro puntos cardinales.

Deja fluir tu brazo

sobre el mundo.

Nada más que tu brazo.

.

.

FIDELIDAD EN LA ENCRUCIJADA

En el sol alto, sin ostentación ni impaciencia, se prolonga tu camino. Serenidad del ignorado: Una emersión impura te salvará en cualquier hombre.

Ese relámpago que hace posible la fraternidad, tanto en la dimisión como en la inocencia y la esperanza, es una de las propiedades de la poesía. Pero nada autoriza al poeta a darle nombre definitivo y menos aun a convertirse en el profesional de su dicción o su descubrimiento.

Usura del alucinado. Este mundo es tuyo indudablemente. Pero sólo existe en tu desprendimiento. El poeta, testigo de su propia existencia, coexiste con el mundo.

Todo poeta sabe que la palabra no es instrumento. Es vida con los demás. Y en común. Soledad común. La declamación y la ortopedia de espíritu quedan a sus márgenes. Imposibilidad, por lo tanto, el poema fabricado de acceder a la tierra de los hombres, de alimentar su viaje.

Quehaceres de la poesía: hacer innecesaria toda justificación.

Toda ayuda menos la retórica de la pureza y la organización de los elegidos. Es preciso intercambiar a la intemperie nuestras señales de reconocimiento con las cosas y con nuestros hermanos.

Arriesgar la incongruencia para conocer tu realidad, la realidad de los otros. Lo más opuesto a tu fluir propio es la adopción de certidumbres de superficie.

Finalidad de las apariencias. A mitad de camino entre la concesión y la protesta, expuesto a todos los excesos de la ingenuidad y el cálculo, este amigo verdadero, este amante fiel, este lúcido conocedor, es confundido a menudo con sus enemigos: el Narciso, el borracho y el inconsecuente.

Forzosidad de una voz, de un hombre real en la encrucijada, sin desprecio ni excesiva consideración por los márgenes. La incandescencia de la palabra —su logro mayor— es función de los ademanes silenciosos, a menudo ignorados, del nadador sobreviviente y fraternal. Poesía-modo de nadar, de estar presente, ajena a las retribuciones del espectáculo. Poesía hermana en la soledad y el olvido. Poesía-esperanza viril entre los hombres.

Edgar Bayley (Buenos Aires, Argentina, 1919 – 1990). Fue poeta, cuentista, ensayista y dramaturgo. Su nombre se encuentra asociado a las vanguardias de las décadas del 40 y 50. Destacado poeta, elabora un universo que escapa a las convenciones poéticas habituales en su tiempo. Trabajó como bibliotecario y en la secretaría de cultura durante la presidencia de Arturo Frondizi. En 1977 recibió el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía. Edgar Bayley: El poema es asomarme y mirar.