TARDE DE LLUVIA EN TOLUCA DE LERDO
Tus labios son una lluvia más tenue que la de los árboles,
las flores son un retrato de tu piel que se levanta en el estero.
Todos los cielos se juntan en ti,
Como un mármol abierto en el que ha quedado la noche,
la profundidad de la imagen que duerme en la adormidera
ante un sueño descalzo abriéndose en la sed de las aguas,
el fulgor intacto de tu cuerpo alimentando la seda que sangra
entre los frutos de tu carne, donde ha quedado la levedad,
el astillo sonoro de los sueños.
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La imagen se distiende en el reflejo de la noche
un sonido plateado y unos pliegues marinos cubren
la emboscada del vuelo al que se pegan
los fragmentos de la luz,
del otro lado de la memoria
el agua rota de los sueños es una carne
exteriorizada en cuyos bordes va naciendo
el espejo de los astros.
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El último barco imantado por la noche
Viaja de los cabellos lunares de una estrella
Soñada entre los labios de la nieve
hasta el jilguero fugaz de los espejos,
nadie se encuentra ya en la intemperie
de unas cruces que disuelven los nervios del estero
y el ombligo azulado de un árbol
Brincado por la imagen
que atravesó las puntas del tiempo
es ya el último reflejo
de unos parpados abiertos por el agua de los dioses.
Del libro “Laberintos de la imagen: poesía reunida”
( Colección La Abeja Perséfone, BUAP, 2023)
