ALTA MAR
De tanta angustia que me roe, guardo un silencio que
se unifica a la entraña del océano.
En la noche cuando los hombres duermen, mis ojos
haciendo tríptico con el farol del palo mayor, velan
con el fervor de un lampadario ante la inmensidad del
universo.
El austro sopla trayendo a los muertos cuyas sombras
húmedas de sal acarician mi cabellera desordenada.
Agonizando vivo y el mar está a mis pies y
el firmamento coronando mis sienes.
.
.
ESTE ES MI DIARIO
Este es mi diario
En sus páginas se esponja la ancha
flor de
la muerte diluyéndose en savia
ultraterrena y
abre el loto del amor, con la magia
de una
extraña pupila clara frente a los
horizontes.
Es mi diario. Soy yo
desconcertantemente
desnuda, rebelde contra todo lo
establecido,
grande entre lo pequeño, pequeña
ante el infinito..
soy yo …
.
.
XXXIV
Me alejo…
Mi único desconsuelo es no poder
llevar con mis propias
manos flores a la tumba avara que
te guarda.
Antes de irme estamparé un beso
en tu frente rígida. Será
como un sello de piedra sobre otra
piedra.
Me voy huyendo de mí, de mi
cobardía y de mis inquietudes.
No puedo morir de dolor y es más
fuerte que la misma
muerte la tortura moral que
revoluciona mi cerebro.
Me voy como aerolito que
desprendido de una estrella se
precipita en los espacios trágicos
de la sangre.
Me voy, para aprender en otras
penas a sufrir las mías
con más entereza. Me voy, Anuarí,
y te juro que hasta este
momento he aguardado la
resurrección. He espiado tu sueño
creyéndolo leve, y huyo ahora que
lo sé de mármol, Anuarí.
No me importa el mundo ni
la mediocre balanza que pesa
mis actos;
pocas son las almas que
han amado, gozado y sufrido como
yo.
