Boris Pasternak (Moscú, 1890 – 1960). Escritor y poeta ruso. Su obra poética y su narrativa han ejercido una notable influencia en los escritores de su país, a pesar de la censura a la que fueron sometidas por el régimen soviético. Tras unos primeros ejercicios poéticos de inspiración futurista publicó su primer poemario, Un gemelo en las nubes (1914), pero se hizo célebre con Mi hermana la vida (1922), libro de poesía eminentemente lírica, donde el poeta se siente como fundido con la naturaleza y la vida. Tras escribir numerosos poemas épicos, de inspiración social (El teniente Schmidt y El año 1905, 1927), volvió a publicar una nueva colección de poesía lírica caracterizadas por su intimismo: El segundo nacimiento (1931). En desacuerdo con la poesía oficial, a partir de 1935 publicó muy pocos poemas, exceptuando Los trenes matutinos (1943) y La inmensidad de la tierra (1945). Es autor, además, de la autobiografía El salvoconducto (1931), de la novela El doctor Zhivago (1957), prohibida en su país y publicada en Italia, y de traducciones de escritores extranjeros, especialmente de Shakespeare (1953). Al publicar El doctor Zhivago en Italia Pasternak fue objeto de duras críticas, que se intensificaron al ser galardonado con el premio Nobel de literatura en 1958, al que tuvo que renunciar. Ese mismo año fue expulsado de la Unión de escritores de la URSS; fue rehabilitado póstumamente en 1987.

Boris Pasternak: La verdad del verso es un resplandor del tiempo.

NOCHE

Sin descanso la noche

Avanza y se difunde

Sobre el mundo que duerme,

Mientras un aviador asciende entre las nubes;

Se adentra en el oleaje

Fluctuante de la niebla,

Se vuelve una inicial sobre una sábana,

Una pequeña cruz bordada en tela.

Allá abajo los bares

Nocturnos, los cuarteles,

Ciudades extranjeras y estaciones,

Maquinistas y trenes.

Una sombra de ala se recorta

En toda su extensión contra una nube.

Los astros por lo negro, silenciosos,

Vagan en muchedumbre.

Y quién sabe hacia cuáles

Desconocidos universos,

Con terrible, terrible inclinación,

La Vía Láctea extiende su sendero.

En espacios sin fin los continentes

Incesantes llamean.

En las calderas, en los sótanos,

Los fogoneros velan.

En París, bajo el filo de los techos

Venus o Marte

Se asoman para ver qué nueva farsa

Proclama el manifiesto.

Y allá, en un resplandor de lejanías,

Hay quien no puede conciliar el sueño

En la antigua buhardilla

Recubierta de tejas.

Él contempla el planeta

Como si el firmamento

Fuese el único objeto

Del afán de sus noches.

No te adormezcas, no duermas, trabaja,

No hagas un alto en tu tarea,

No duermas, lucha contra el sueño,

Lo mismo que el piloto, o que la estrella.

No duermas, artista, no duermas,

No te entregues al sueño.

Que de lo eterno tú eres el rehén

En la prisión del tiempo.

.

.

FESTINES

Bebo la amargura de los nardos,

la amargura de cielos otoñales,

y en ellos el chorro ardiente de tus traiciones.

Bebo la amargura de las tardes, las noches,

y las multitudes,

la estrofa llorosa de inmensa amargura.

La sensatez de engendros de talleres no sufrimos.

Hostiles somos hoy al pan seguro.

Inquieta el viento aquel de los coperos brindis,

que, muy posiblemente, jamás se cumplirán.

Heredamiento y muerte son comensales nuestros.

Y en la serena aurora, los picos de los árboles llamean.

En la galletera, cual ratón, rebusca un anapesto,

y Cenicienta cambia con premura de vestido.

Suelos barridos, en el mantel… ni una migaja.

El verso es sereno cual beso infantil.

Y corre Cenicienta, en su coche si hay suerte,

y cuando no hay ni blanca, con sus piernas también.

.

.

SI HUBIERA YO SABIDO…

Si hubiera yo sabido lo que pasa

la vez primera que volqué mi pecho:

que del verso de sangre brota sangre;

que puede estrangularte el sentimiento,

la verdad es que habría renunciado

de antemano a quemarme en ese fuego.

¡Pero fue tan pequeño el primer soplo…

la meta parecía estar tan lejos…!

Mas al igual que la indolente Roma

suelen portarse la vejez y el verso:

la muerte, no palabras los aplaca;

sacrificios exigen, no su gesto.

Que cuando — gladiador que va a la arena—

se desborda el torrente del aliento,

lo abandona el artista, y es juguete

del destino, la túnica del tiempo.

Boris Pasternak (Moscú, 1890 – 1960). Escritor y poeta ruso. Su obra poética y su narrativa han ejercido una notable influencia en los escritores de su país, a pesar de la censura a la que fueron sometidas por el régimen soviético. Tras unos primeros ejercicios poéticos de inspiración futurista publicó su primer poemario, Un gemelo en las nubes (1914), pero se hizo célebre con Mi hermana la vida (1922), libro de poesía eminentemente lírica, donde el poeta se siente como fundido con la naturaleza y la vida. Tras escribir numerosos poemas épicos, de inspiración social (El teniente Schmidt y El año 1905, 1927), volvió a publicar una nueva colección de poesía lírica caracterizadas por su intimismo: El segundo nacimiento (1931). En desacuerdo con la poesía oficial, a partir de 1935 publicó muy pocos poemas, exceptuando Los trenes matutinos (1943) y La inmensidad de la tierra (1945). Es autor, además, de la autobiografía El salvoconducto (1931), de la novela El doctor Zhivago (1957), prohibida en su país y publicada en Italia, y de traducciones de escritores extranjeros, especialmente de Shakespeare (1953). Al publicar El doctor Zhivago en Italia Pasternak fue objeto de duras críticas, que se intensificaron al ser galardonado con el premio Nobel de literatura en 1958, al que tuvo que renunciar. Ese mismo año fue expulsado de la Unión de escritores de la URSS; fue rehabilitado póstumamente en 1987. Boris Pasternak: La verdad del verso es un resplandor del tiempo.