Gabriel D’Annunzio (Pescara, Italia, 1863 – 1938). Fue un novelista, poeta, dramaturgo, periodista, militar y político italiano, creador principal del Estado Libre de Fiume (1920-1924) y de su peculiar constitución, la Carta de Carnaro. Ocupó un lugar destacado en la literatura italiana de 1889 a 1910.

Gabriel D’Annunzio: Yo quiero lo más profundo de los misterios vistos.

LOS POETAS

El sueño de un pasado lejano, de una ignota

estirpe, de una remota

fábula luce en los poetas. A los poetas

les es ignoto el sueño del futuro.

Cual contra adversas auras una divina

cabellera; una flama divina,

así en la vida resplandece

el Alma, se dilata

hacia atrás esparcida vacila.

Huéspedes fuimos (Oh tú que me amas, ¿te

acuerdas? Tus venas contenían

el Ritmo), huéspedes fuimos en imperios de gloria.

Innata es la memoria

en nosotros, de las flores ardientes erguidas en floreros de alabastro

como tangibles astros,

de los misterios vistos,

de los amores gozados,

de los aromas bebidos.

¿En cuál tarde purpúrea

Cerramos los ojos? ¿Cuál

fue en la hora mortal

nuestro dios? ¿Por cuál portentosa herida

exhalamos la vida?

¿Quizá después de una masacre de héroes bajo el

Profundo

cielo de un lecho profundo?

Nuestros despojos, fiera

custodió la Quimera

en la purpúrea tarde.

Y al despertar improviso

de un sueño secular

vimos resplandecer

otro cielo; oímos otras voces, otros cantos;

oímos todos los llantos

humanos, todos los llantos humanos que la Tierra

en su círculo encierra.

Oímos todos los vanos

gemidos y los alaridos insensatos

y las blasfemias atroces.

Oímos taciturnos

el lamento confuso.

Mas en el alma cerrada

el antiquísimo signo que ondeaba todavía,

tuvo una nueva aurora.

Y vivimos; y engañamos a la vida

Recordando

aquella muerte, cantando

de los misterios vividos,

de los amores gozados,

de los aromas bebidos.

Ahora conviene el silencio: hondo silencio.

Oscuro es el sueño del futuro.

Nueva muerte nos espera. ¿Mas en qué día

supremo,

oh Hado, reviviremos?

Cuando los Poetas en el mundo tañan en sus

cuerdas

de oro el himno concorde:

– ¡Oh vosotros a quienes la sangre oprime,

hombres, sobre las cimas

resplandece el Alba sublime!

.

.

MUJERES

Han existido mujeres serenas de ojos claros,

infinitas y silenciosas como esa llanura

que atraviesa un río de agua pura.

Han existido mujeres con visos de oro,

rivales del estío y del fuego, semejantes a

trigales lascivos que no hieren la hoz

con sus dientes pero arden por dentro

con fuego sideral ante el cielo despojado.

Han existido mujeres tan leves

que una sola palabra, una sola,

las convirtió en esclavas. Y existieron otras,

de manos rojizas, que al tocar una frente

suavemente disiparon ideas terribles.

Y otras cuyas manos exangües y elásticas,

con giros lentos aparentaban insinuarse

creando una urdimbre rara y fina

en que las venas simulaban

hilos de vibración ultramarina.

Mujeres pálidas, marchitas, devastadas,

ardidas en el fuego amoroso

hasta lo más profundo de sí mismas,

consumido el rostro ardiente,

con la nariz agitada por el impulso

de inquietas aletas, con los labios abiertos

como yendo hacia las palabras pronunciadas,

con los párpados lívidos

como las corolas de las violetas.

Y todavía han existido otras y,

maravillosamente, yo las he conocido.

.

.

EL INEFABLE GOZO

…Celebra el grande, el inefable goce

de vivir, de ser joven, de ser fuerte,

de hincar los dientes ávidos y blancos

en los más dulces frutos terrenales.

De posar las audaces, sabias manos

sobre todo lo más puro y secreto,

y de tender el arco contra todas

las presas que voraz deseo asecha.

De oír todas las músicas livianas,

y mirar, con pupilas fulgurantes,

la bella faz del mundo, como mira

un amante feliz a su adorada.

A ti el placer, ¡oh amiga!

¡A ti el ensueño!

¡Yo quiero revestirte la más roja

de las púrpuras regias, siquiera tiña

su seda con la sangre de mis venas.

Yo quiero coronarte de albas rosas

para que así, transfigurada, cantes

la divina Alegría, la Alegría,

la Alegría, magnífica, invencible!

Gabriel D’Annunzio (Pescara, Italia, 1863 – 1938). Fue un novelista, poeta, dramaturgo, periodista, militar y político italiano, creador principal del Estado Libre de Fiume (1920-1924) y de su peculiar constitución, la Carta de Carnaro. Ocupó un lugar destacado en la literatura italiana de 1889 a 1910. Gabriel D’Annunzio: Yo quiero lo más profundo de los misterios vistos.