(Cinco poemas incluidos en su nuevo libro “A veces llueve en mí”).
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UN CADÁVER
Café, mate, cigarros… sensaciones a flor de piel.
Noche sin día y neblina sin lluvia.
Percusiones sin latido, sin pulso, sin ganas.
Un cansancio de cascada, de cabello y piel ennegrecidos.
Te exhibes “sola” entre telones de ropa vieja y olvido.
Gatos arañando paredes,
mirando relojes sin manecillas, libros sin palabras;
prudentes disparos de armas ya descargadas…
piernas abiertas con intenciones precarias.
Guerra de tus adentros, trenzas los hilos
en que nos derramamos. Me sueñas dentro “tierno”,
jugando al silencio de piel y huesos.
Trincheras sin olvido en la ciudad
de los muertos.
Perros, leones, ángeles disecados
en formol.
Belleza intacta sin tacto,
un trato sin contrato y una mesa sin propina.
Un juego de Dioses y adioses.
Rotas las medias entre tus piernas,
Xochipilli; Dios de la poesía y amante de las flores, goza,
tu silencio de rostro y asombro,
tu arqueo de río y vientre lleno de mí.
Me sabes a distancia y a sal, a páramo, a hielo,
a muerte entre ojos.
Me sabes a bocajarro y a dolor húmedo.
Me sabes a mar desde mis ojos.
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LEERTE
Leerte, me hace falta…
no en una página llena
de garabatos,
sino leerte “toda tú”.
De noche, donde rendido
penetro en tus brazos
e ignorante me dejo llevar
por tu encanto.
Me hace falta leerte,
buscarte, descifrarte.
Saber que el amor no es fúrico
agasajo.
Leerte despacio,
palmo a palmo.
Reconocerme en tu silencio
y aprender a exprimir el mío.
Me hace tanta falta leerte,
releerte, leernos,
superar el recuerdo.
Rimar con cada verso escrito
en nuestro tiempo.
Me haces falta mujer,
en alma,
no sólo en cuerpo.
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REENCARNACIÓN
Al menos puedo decir que te vi reír
cuando nadie te miraba.
Y que el amor no estaba hecho
de palabras, sino de ti. Gracias.
Escandar Algeet
A Dalia Maribel.
Y aun así…
¡Te moriste!
valiéndote madre.
Cuántas veces dije hasta el cansancio:
¡No te mueras amor, no te mueras!
Tomaste ventaja y sabías que iría
detrás de ti,
que tarde o temprano habría de sentir
el peso de tu muerte montándose
en mis huesos.
Tanto pinche recuerdo
que todavía escucho plegarias
a disposición de tu nombre.
Alaridos de aquellos que en vida…
sólo te hicieron llover.
Puedo oler las ollas de café
hirviendo en la estufa
y a tus tías con jarras,
llenando de luto los vasos
que velaron tu ausencia.
Ya no seré el mismo.
Apagaste el incendio en mis ojos
a fuerza de llanto.
Hiciste falta demasiado pronto.
Quizá, porque cuando se ama
se muere uno más rápido
y no da tiempo de dar explicaciones.
Vivo el duelo de tu recuerdo
y escribo poemas
por si aún…
te gustaría volver.
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APNEA DEL SUEÑO
Creo que la única morada
posible para el poeta es la palabra.
Alejandra Pizarnik
Soy un muerto que vive su vida
a base de poemas.
He exprimido dolorosamente, deliciosamente el zumo
hacinado de la ausencia.
Entre sueños ¡despierto!
Intento anotar la sentencia cítrica de mis emociones.
Llevo en mi lengua una gustativa necesidad
por brotar de golpe y desde el fondo de mi alma.
Olor a tierra fértil
anuncia resurrección de un recuerdo
destartalado que se hace agua en la boca.
¡Ya es tarde!
El día empieza cuando la luz
susurra a mi oído:
¡Ángel!
Levántate y anda…
Tu corazón arde.
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NAUFRAGIO
Todos los pesares acercan al mar.
Todos los pesares nacen de las olas
y regresan al mar.
Minerva Margarita Villarreal
Tengo la dulce necesidad
de llorar todos los días.
Lloro por dentro sin percatarme
y, aunque posiblemente
me esté secando,
lluevo, lluevo, lluevo.
Poemas incluidos en el libro “A veces llueve en mí”,
Editorial Libro de Arena.
