HORIZONTE
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A veces quisiera tejer un puente;
mirar, desde arriba, el reflejo de la luz en el abismo.
Un deseo deshojado de heredar de los pájaros
su movimiento…
suspenderme en el vértigo
de un camino silencioso.
Y si en un momento dejara de ser ave,
me convertiría en cielo, danza salvaje del aire
en el resguardo del eco de las plumas.
Atrapando en un canto lluvioso
todo el murmuro que reposa en la sombra.
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EXHUMAR
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Asomarnos a la ventana
con los ojos de quien sospecha
que el ayer no es una casa vacía.
Se soporta la quemadura,
mentira con la que los pájaros transitan
en los días migratorios.
Quizás, el pasado sea un susurro,
una vertiente iluminada…
hendidura del verbo.
¿Cómo comprender lo que parece
extinguirse?
De pronto, un día, llega a ser
hoguera que desfila por el misterio,
desenhebrando el velo
de lo que no se nombra.
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LINFA
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Gota a gota en silencio
la vida se desliza en su esencia,
el reflejo llega a las orillas
como el espejo del tiempo.
Un susurro ancestral se escucha
entre la montaña;
es el río quien murmura
el secreto de la vida.
Entre el suspiro del viento
un pescador lanza su red al río,
guarda silencio,
como cual maestro en su espera.
El agua —su cómplice—
bajo esa quietud alberga
la danza salvaje de los peces.
La vertiente cede ante el hombre
y le entrega su alimento.
En el hecho,
la memoria ancestral, boca invisible,
sueño del reflejo del sol
de un grano de arena
bañado a plena luz del día.
Es mi cuerpo, tu cuerpo
ineludiblemente
herencia del agua.
