Bárbara Aguilar Carmona (Córdoba, España) teje su obra con una voz que brota desde la raíz íntima de la experiencia hasta convertirse en verdad compartida. Su poesía y narrativa funden lo personal con lo colectivo, revelando una conciencia que oscila entre la ternura y la insurrección, entre la memoria que duele y la esperanza que insiste.

Bárbara Aguilar Carmona (Córdoba, España)

TRÍPTICO LÍRICO

«La vida es una sucesión de momentos, que sólo al final se entienden como una totalidad»
Virginia Woolf, A Room of One’s Own

I. EN EL AGUA

Se deslizaba por las venas del río,
dibujando con sus dedos los destellos perdidos en el agua.

La serenidad del cauce se refleja en las rocas
tras las cortinas de niebla,
donde las sombras se expanden y el río olvida su paso
baja la carga de la quietud.

¿Cuántos surcos puede dejar el agua?

Todo lo que toca se desvanece;
todo lo que abraza se convierte en memoria.

II. COMO SE PIERDE UNA IDEA

Hubo un tiempo,
creo que fue en primavera,
en que el azul se sentía
como una forma de fe.

Todo era simple:
una taza de café,
tu voz resonando en la otra habitación,
el leve milagro de compartir la mañana
sin necesidad de demasiadas palabras.

Leíamos sin prisa,
subrayando frases
como si comprender algo
significara poder sostenerlo
en la palma de la mano.

Sin necesidad de expresarlo,
creíamos que el amor era eso:
un delicado equilibrio
entre el caos y la rutina.

Las flores no duraban para siempre, pero regresaban,
al igual que nosotros.

Ignorábamos que el tiempo no avanza.
Se acumula.
Y que el desorden no se manifiesta con estruendo;
a veces, simplemente deja de preguntar por ti.

Llegaron días en los que todo parecía estar en su lugar,
pero nada encajaba.
El desayuno estaba servido,
los cuerpos presentes,
y aun así, había una ausencia
flotando entre la sal y el pan.

Comprendimos que la rutina no es el enemigo del amor.
Era su espejo:
mostraba lo que hay cuando la sorpresa se ha desvanecido.

Así nos fuimos perdiendo,
como se pierde una idea:
no de golpe, sino por desgaste.

El azul seguía en el cielo,
las flores adornaban las calles,
pero ya no tenían el mismo significado.

Ahora pienso en nosotros
como se piensa en ciertos libros.
No porque los lea,
sino porque recuerdo lo que me hicieron sentir
antes de cerrarlos.

III. SOMBRAS EN CÍRCULOS

Sombras oscuras se dibujan en círculos
sobre el asfalto,
formas que se expanden y se contraen
en este vaivén de penumbras.

Percibo murmullos perdidos,
todo vuelve a converger a un mismo punto.

¿Acaso estos círculos, la lluvia,
las voces sin rostro
me están invitando a compartir un almuerzo?

No tengo hambre. Con el tiempo,
el vacío me va cosiendo por dentro,
un hilo invisible anuda mi boca
y solo alimenta la ausencia.


Su palabra busca la emoción sin artificio, la belleza en lo cotidiano, la claridad que nace del riesgo y del silencio. Con un lenguaje afilado y luminoso, transforma la herida en verbo y el temblor en gesto poético. En su obra, lo humano se despliega como territorio de resistencia y de consuelo: el recuerdo, el amor y la pérdida dialogan con la lucidez de quien ha aprendido a mirar la fragilidad del mundo sin renunciar a su impulso vital.

Artista de fronteras creativas, integra el collage digital como una prolongación natural del poema, y en su faceta performativa canta y recita con la cadencia popular del folclore —ese lugar donde la voz individual se abre al canto común—. Así, su palabra no solo se lee: se escucha, se encarna, se siente, como una herencia viva que traspasa el papel para habitar el aire con la fuerza serena de lo verdadero.

Bárbara Aguilar Carmona (Córdoba, España) teje su obra con una voz que brota desde la raíz íntima de la experiencia hasta convertirse en verdad compartida. Su poesía y narrativa funden lo personal con lo colectivo, revelando una conciencia que oscila entre la ternura y la insurrección, entre la memoria que duele y la esperanza que insiste. Bárbara Aguilar Carmona (Córdoba, España)