EL MAÑANA
Duele tu ausencia, duele esta fiel lágrima
que resiste el salir buscando olvido
junto a un tic tac inerte que no avanza
en esta madrugada donde me ahogo.
Los días se entrelazan, sin cordura,
una daga presiona mi costado
que yace desangrado ante tu falta.
Tu vacío es carcoma que devora
los grises pensamientos. Son inútiles.
De nuevo tu sonrisa matutina
alumbra mi pupila, ya florece…
Enciende la voraz llama escarlata
que tritura pasados inconclusos
y alumbra mi mañana entre tus brazos.
LO QUE SÍ Y LO QUE NO
No me gustan esperas, son absurdos
los instantes perdidos divagando
Si un “sí” es un “sí”, o un “quizás”
disfrazado: “tal vez sí me convenga”.
Si me dices “sí” tengo la certeza
de que todo será como acordamos,
más el tiempo discurre con el ritmo
distinto en tu reloj que en el mío.
Me gustan las sorpresas matutinas:
un hola, buenos días mañaneros;
un te soñé; te eché de menos, hija;
un rasgo del absurdo pensamiento
donde tú y yo sintamos el deseo
de sonreír al pensarnos la mirada,
la ilusión del instante compartido.
No me gustan esperas, siendo absurdas;
el día que se fue, ya tú lo sabes,
la vida no devuelve los instantes.
Las cosas se construyen o derrumban,
depende el interés con que se siembre
el prado del futuro que hoy aguarda.
No pudo llegar lejos la carreta
donde un buey anda que anda, ya cansado,
mientras el otro en la hierba se revuelca.
Mejor ser el caballo que veloz
sueña un cielo sin nubes de tormenta.
RECETA DE FELICIDAD
Se pueden escoger los miedos, sí.
Se les mira de frente, sin temer
de nuevo, sin sentir; has de vencer
al equino sin rumbo, sí o sí…
Se empequeñecen pronto, y sin luz
ya no brillan en ti, siquiera sientes
su cercana presencia; ya las mentes
quedan libres del miedo, de su cruz.
Así de nuevo vives esa vida
que siempre fue la tuya, tan fugaz
y libre como el viento del invierno.
Y te sientes etéreo pues perdida
quedó toda tristeza, ineficaz
como un sol que es mecido en el averno.
