LA MÚSICA SOY YO, LA PALABRA ERES TÚ
Me he convertido en mar,
las olas son mis versos.
Bajo las aguas
juega el pez plateado.
Me he convertido en mar,
en la orilla de mi verso.
Las rocas afiladas se ablandan,
el sol las toma de la mano.
Me he convertido en el mar
que vuela hasta el cielo.
Sueños como navíos
despliegan velas en mi alma.
Me he convertido en mar
en la niña de los ojos.
Golpeando las gemas
en las delicadas manos.
Me he convertido en mar,
los cabellos son algas marinas.
El tiempo sobre los labios
descansa tendido, tan tendidamente.
Me he convertido en mar,
¡tú eres el mar mismo!
La música de su canto soy yo,
la palabra de su canto eres tú…
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NO CREO QUE…
Nunca volveré a pasar por estos lugares,
los recuerdos aquí son aptos para la hondura;
robaron la esperanza de mis ojos
y devoraron mi alma hasta saciarse.
Estos caminos están ya cubiertos de espinas,
pero mis días que han pasado van descalzos.
Mis deseos contigo son como hojas secas,
mis sueños contigo son como polvo espeso.
No creo que este lugar pueda calentarse,
aunque lo cubran hierba y flores.
Podrían ser el primer encuentro para otros,
pero serán tan solo el ataúd de nuestro amor.
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LA MUJER
Tu vida como hormiga fue devorada,
no te queda ni un solo día más.
Como elefante, cargaste el peso del mundo sobre tus hombros,
pero nadie jamás te valoró.
Limpiaste y depuraste tu vida,
¡pero te aferraste a la esperanza, mujer!
Solo reíste en silencio ante tu pena,
¿te inquietaste acaso por tu alegría, mujer?
Ahora pones tus esperanzas en el ahora,
tu tierra que está al límite de su propia cuerda.
Mujer, quizás simplemente no sabemos:
la tierra es inconsistente, la piedra es oscura.
La muerte sobre la que caminas de puntitas
es tu vida devorada que te aguarda,
te aguarda en silencio, como muerta.
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Traducción: Javier Gutiérrez Lozano
