Crecido entre las montañas de San Antonio de Prado (Medellín, Colombia), Camilo aprendió desde niño a leer en la naturaleza el primer libro de su vida. En la juventud comenzó a escribir con la urgencia de quien presiente la fragilidad de la existencia y se resiste a desaparecer sin dejar huella. Hoy, reconciliado con la conciencia de su finitud, su escritura se convierte en un ejercicio de introspección: una tentativa por desenredar la madeja de su propia vida. En sus páginas asoman la angustia y la desesperación propias de la condición humana —la sensación de pesadez ante una existencia que a veces parece carecer de sentido, la impotencia que acompaña la intuición de una catástrofe—; sin embargo, incluso en medio de esas sombras, una tenue luz de esperanza persiste y se niega a extinguirse en su corazón.

Camilo Carmona Salas: para no gritar, escribo.

Extravío

Mañana fui tras tus huellas

en la montaña

en el café 

en las palabras 

Buscándote, iré ayer a lugares

donde sé que no estás: 

laberinto en las arenas de la memoria 

desierto de sombras trashumantes

sueño de sueños que oscilan

entre ansiedad y nostalgia. 

Tras la niebla de un tiempo

inexistente

algo —invaluable e irrepetible—

estoy perdiendo… 

Si no es a ti 

¿qué es lo que pierdo?

Noche oscura

Enemigo de mí, oscuro enemigo

sombra innominada, adversario anónimo

yo-otro, yo-oculto, yo-desconocido…

Silencioso yo que me habla

en lenguaje incomprensible

Enigmático yo que me habita

legión al acecho, oculta

en el corazón de mi reino

Yo sediento de destrucción

a puerta cerrada lo arrasarás todo

Yo-asesino, yo-déspota, yo-iconoclasta

yo-bárbaro, yo-inclemente, yo-impío…

¿Quedará piedra sobre piedra

cuando el alba anuncie el final

de la oscura noche de mi alma?

            Preludio para la extinción

Afuera hierve la muerte en todas las esquinas

la fatalidad día y noche anda al acecho

nuevas maneras del pánico emergen en todas las conciencias

Los hombres de negocios amasan sus fortunas

mientras el mundo parece estar yéndose a pique

¿Dónde encontraré refugio

en la angustia de no saber

cuándo sonarán las trompetas del juicio?

¿A dónde ir cuando todo se derrumbe a mi alrededor?

Y tú

¿a dónde irás cuando las tinieblas

devoren la aurora del último día?

Si un ángel viniera esta noche a avisarme sobre estas cosas

iría a buscarte en cada rincón de este mundo

si es que no fuera demasiado tarde…

si es que aún quisieras recibirme…

Crecido entre las montañas de San Antonio de Prado (Medellín, Colombia), Camilo aprendió desde niño a leer en la naturaleza el primer libro de su vida. En la juventud comenzó a escribir con la urgencia de quien presiente la fragilidad de la existencia y se resiste a desaparecer sin dejar huella. Hoy, reconciliado con la conciencia de su finitud, su escritura se convierte en un ejercicio de introspección: una tentativa por desenredar la madeja de su propia vida. En sus páginas asoman la angustia y la desesperación propias de la condición humana —la sensación de pesadez ante una existencia que a veces parece carecer de sentido, la impotencia que acompaña la intuición de una catástrofe—; sin embargo, incluso en medio de esas sombras, una tenue luz de esperanza persiste y se niega a extinguirse en su corazón.Camilo Carmona Salas: para no gritar, escribo.