Texto de Ricardo Enríquez sobre "Grávida" de Javier Gutiérrez Lozano

Elogio a la paternidad; un texto de Ricardo Enríquez sobre «Grávida» de Javier Gutiérrez Lozano

El siguiente, es un análisis expuesto a manera de discurso del Mtro. Ricardo Enríquez, mismo que fue presentado en el Honorable Congreso del Estado de Puebla como parte de la presentación del libro Grávida, del poeta Javier Gutiérrez Lozano y publicado por la editorial argentina Buenos Aires Poetry.

Agradezco infinitamente la invitación de mi querido Javier Gutiérrez Lozano a quien he tenido la fortuna de conocer tanto en su persona como a través de su obra desde hace ya aproximadamente una década. De él puedo afirmar, con total certeza, que además de ser un extraordinario poeta, es a su vez, una excelente persona, magnífico esposo, padre ejemplar, ciudadano intachable y amigo seguro. Por ello, para mí es un gusto, a la vez que una gran responsabilidad, presentarme frente a todos ustedes para hablar de un poeta de nuestro estado, que no sólo es referente a nivel local, sino cuyas palabras, me atrevo a decir sin temor a equivocarme, han llegado a tocar corazones y transformar vidas alrededor de todo el mundo.

Y aunque es difícil encarnar en palabras el acontecimiento de la vida, cuestión que Javier ha realizado con suma virtud, hoy también se me plantea como un altísimo reto el presentar dicha belleza contenida en unas cuantas páginas. Así, en estos breves minutos me propongo ofrecerles algunas guías de lectura de la obra, por la cual nos hemos congregado en este recinto. Grávida no es un libro más de poesía, es una declaración de esperanza, de confianza, de entrega; es complicidad, silencio vuelto palabra, pero, sobre todo, presencia de un amor desmedido.

Con Javier, comparto múltiples coincidencias: la vocación a la docencia, la investigación, las letras, la simpatía por los ritos orientales y la espiritualidad ortodoxa—misma que atraviesa el libro como un hilo conductor—. Y en los últimos años ha existido también una afinidad muy particular en torno al tema de la paternidad. Por lo tanto, las líneas de lectura propuestas versarán en torno a: la llegada de una vida nueva, la parentalidad en la incertidumbre y la belleza de la espera, la vocación al silencio y la palabra y, por último, el carácter profundamente social y existencial de su poesía.

La primera línea hermenéutica, es decir, mi primera propuesta de lectura es la del misterio de la vida misma, la cual se nos presenta como un don y a la vez, como el nombre mismo de la obra, como un peso, pues Gravidus, si bien se traduce como embarazo, etimológicamente refiere también a la cualidad de pesado. Un peso que llega repentinamente, que sorprende, cansa, pero que, sin duda, es llevadero. Así, Grávida no es solamente un elogio a la paternidad, es más bien, una obra donde el padre, la madre, el hijo y la hermana son todos protagonistas. En ella se hace patente la vida que, si bien es cargada por la madre, el peso, se comparte en el amor con quienes se alegran y sufren y, sobre todo, con quienes se dejan interpelar y transformar por la espera.

Es en la figura de la madre donde podemos comenzar con las palabras del mismo poeta: “se le va agrietando conforme gana cuerpo el cuerpo que crece otro cuerpo” cuando nos invita a contemplar, no solo de manera estética sino de manera esencial, que la transformación no es únicamente anímica ni física. Cuando una vida irrumpe, se trastoca lo más profundo en esta existencia, y es ahí, en el peso de la vida nueva, donde Javier también nos hace ver que cuando a la madre “se le abulta la barriga; se le habita el cuerpo con semanas, se le ve más bella que nunca” descubrimos que la belleza no es ornamento ni superficie, sino transformación: la irrupción de la vida reconfigura el cuerpo, el tiempo y el sentido mismo del existir. No es una belleza que se agota en el instante, sino una que se prolonga en la maternidad y en la vida misma. Es la belleza engendrando belleza, aun en el dolor y el infortunio. Es la belleza encarnada en el amor más humano y en el “demorado deseo de ser perpetuo”.

Sin duda, la vida sería imposible sin la madre quien dona todo su tiempo, su certeza, su seguridad, su “toda ella”. Pero, por otro lado, resalta en la figura del padre una vocación particular: el silencio y la espera sosegada. Aquí el poeta nos invita a reconocer al padre como aquel “el de los pechos inservibles, el de la patria infértil, …el olvido,” quien “ama, pero su lengua es el silencio”. Y es justamente en el silencio donde la palabra irrumpe; donde la inseguridad, el miedo, la debilidad, la incertidumbre, se transforman en verso. Donde la palabra suspendida, pero atenta, cobra relevancia como soporte, guía y auxilio. En la aparente inutilidad de la compañía, la palabra se vuelve anhelo y nos permite advertir que ya está ahí para resonar con firmeza cuando se encuentre lista. La vocación del padre, así como la del poeta, es la de crear, ser estruendo firme a la vez que amoroso. La vocación de acompañar la palabra en las lágrimas y de hacerla descansar en los labios. De sostener con los brazos y guiar con la mano.  

Aquí quisiera recordar, tomando como punto de partida los pasajes bíblicos y los fragmentos tanto de la liturgia de las horas como de la divina liturgia que acompañan todo el libro, una figura central para entender esta vocación de padre y de silencio. Si hacemos un recorrido por las Sagradas Escrituras veremos que no hay ninguna referencia en torno a la voz de San José. Siempre se hace referencia a María y lo que ella ha pronunciado, sin embargo, como lo comenta el Papa Francisco en José: “Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza.” Esta idea poderosa nos sitúa en el lugar que tiene el padre en la bella espera. Con ello, Javier, sin silenciar a los demás protagonistas, nos lleva a conocer la importancia de la paternidad presente y confiada.

Sin duda, la espera en la incertidumbre es una carga doble, es un peso que no sólo pone pies en tierra, sino que los cimenta para echar raíces, para dar frutos y germinar. Javier nos recuerda con ello que tanto la vida nueva que crece, llora y sangra, así como la palabra misma, da frutos cuando sabe esperar y es pronunciada con certeza.

En los versos de Javier hay una tensión constante entre vida y muerte, palabra y silencio, ausencia y presencia, miedo y esperanza. Esta obra se presenta como un respiro en un mundo agitado por la inmediatez, los resultados, la eficacia y la fugacidad. Aquí, la palabra —así como la vida— toma su tiempo. Y es muchas veces en el dolor, la incertidumbre y el llanto, donde la palabra y la vida se forjan para resonar con mayor profundidad y penetrar en lo más íntimo de nuestra existencia.

Para concluir sobre la parentalidad, algo que el autor nos muestra a través de su obra, es que uno nunca deja de ser hijo. Pues “los padres también recurren a sus padres para esconder la cabeza de la lluvia”. Hay una invitación constante a reconocer la fragilidad de la propia existencia ya que por más avanzada que esté la palabra, siempre puede buscar refugio en aquel o aquellos que también fueron silencio. Que la vida y la palabra siempre buscan refugio, lugar seguro, sitio donde anidar.

Por último, mi propuesta de lectura no se limita a esta obra. Grávida no surge de la espontaneidad ni de la improvisación, sino que es fruto de la palabra inquieta que se ha ido forjando al pasar de los años, tanto en la madurez poética como en la madurez personal. Misma palabra inquieta que ha dado sus frutos en la concreción de su familia. Por ello, para comprender esta obra —quizá la más íntima de Javier— es necesario mirar el conjunto de su creación.

Este libro, como toda la poesía de Javier, es evidencia palpable de que la palabra puede ser denuncia y anuncio, es decir, que cumple una cierta misión profética social. Su voz nos ha advertido de lo más inhumano que acontece en lo social, todo esto sin desatender lo más profundo que sucede en nuestra intimidad. En Javier encontramos esta denuncia en sus libros como: No sólo lluvia, y más recientemente en Lotería de los quebrantos, donde a su vez, siempre se hace patente el anuncio de la esperanza, del amor, de lo que podría ser si transformamos nuestras vidas, si dejamos el egoísmo a un lado y reconocemos la otredad.

Precisamente porque Grávida se adentra en la intimidad de la experiencia familiar, podría parecer que aquí la denuncia se suspende para dar lugar únicamente al anuncio. Sin embargo, esto no podría estar más alejado de la realidad. Los versos en esta obra también denuncian la realidad de muchas familias que viven con temor la incertidumbre de una vida vacilante. Denuncia a su vez la invisibilidad de la figura paterna que a pesar de sus limitaciones se hace presente. Pero es una denuncia anunciante, pues siempre se vislumbra, aunque sea la más mínima certeza de que la palabra anuncia esperanza en el amor y de que esta palabra da sus frutos cuando no sólo se dice, sino que hace y transforma. Así, tanto la poesía como el amor son proféticos socialmente, pues tienen un impacto real en quien sabe escucharlos.

Como última reflexión, así como la liturgia y las citas bíblicas son una constante, la obra se nos muestra entera como una plegaria en sí misma. Como una oración constante de abandono, reconociendo la propia limitación humana y confiando en que la palabra que se ha forjado en el amor llegue a ser pronunciada. Así, invito a todo lector a sumarse en confianza y oración acompañando en la palabra escrita, la vivencia personalísima de la espera de una familia que lo ha vivido desde el amor y la entrega.

Que la lectura de Grávida ya sea como padre, como hijo, como hermano o como testigo de la incertidumbre, el dolor y la alegría de una vida nueva, sea un recordatorio perenne de que la vida y la palabra resuenan en lo más profundo de nuestra existencia, y que, a pesar de la dificultad, siempre se puede ser anhelo, siempre se puede ser vida, siempre se puede ser peso compartido en el amor.

Sin más, dejo que la palabra se haga presente y sea el autor quien nos conduzca a través de sus versos en este encuentro de subjetividades que nos lleve a contemplar el peso y la esperanza de la llegada de una vida nueva, encarnada en el nacimiento de un nuevo hijo. Con estas claves de lectura cedo la palabra al poeta y amigo Javier Gutiérrez Lozano.

Ricardo Enríquez

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