Alfred Jarry (Laval, Francia, 1873 – 1907). Fue un dramaturgo, novelista y poeta francés, conocido por sus hilarantes obras de teatro y su estilo de vida disoluto y excéntrico. Su obra teatral “Ubú rey” es considerada antecesora directa del teatro del absurdo. Con ella Jarry consigue el aplauso del gran París. Su estreno fue interrumpido varias veces por los abucheos de los ofendidos y los vítores de los vanguardistas.

Alfred Jarry: Volar bajo los pliegues de los signos mudos.

EL MIEDO

Rosas de fuego, por el terror blanqueadas,

las tres Niñas sobre el frío muro encaramadas,

miran brillar los grimorios; y los espectros

de sus memorias sobre las losas son evocados

con la sombra con dedos marcados

en los muros con sus sudarios blancos,

y con garras como ramas.

El dosel negro tiembla y muerde

con los dientes de su calavera

el silencio que serpea en torno.

El dosel negro como una torre

que a tres guerreras socorre,

abre sus ojos de tronera.

Rosas de fuego, por el terror blanqueadas

en largas camisolas de cisnes,

las tres Niñas, sobre el frío muro

mirando gesticular los signos mudos

con los brazos por el terror entreligados

abren sus ojos como escudos.

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LA PRINCESA MANDRÁGORA

Con su varita de oro, el Hada

en la selva sofocada

bajo los pliegues de las sombras pesadas

ha conducido a la princesa pálida

y por su orden, el terciopelo de la espuma

ha puesto

a sus pies de ópalo los zapatitos de tortura.

Y en su traje de lentejuelas

gotas de rocío destilan

y los hongos a sus pies prosternan

su cabeza rapada.

Los conejos fuera de su madriguera,

las babosas, cenizas de un hogar

de barro y limón amasado,

sus frentes de demonios han alzado

hacia la madrastra triunfal.

De pie queda la Princesa

como un árbol donde la savia entra,

rígida queda la Princesa;

y, pasando sobre su frente de hielo

todos los huracanes de los miedos

lanzan sus rectos cabellos al cielo.

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EN LA MADRIGUERA DE LOS GIGANTES

He visto tres, he visto seis

de los Gigantes monstruosos sentados

sobre los declives y los escarpados

y sobre los pedestales de mármoles,

con sus gruesos brazos acortados,

y sus barbas como árboles,

y sus cabellos llameantes al viento

sobre el inmóvil paraviento

de las murallas monumentales,

he visto seis Gigantes en sus sillones reales.

Y bajo sus enmalezadas cejas,

he visto sus ojos de oro brillar

como el oro de dos ejes girando

bajo un fúnebre carruaje.

Son seis vacas para ordeñar,

rocas en el lago de su leche viandante

con los pies en sangre, los seis Gigantes.

Sus dedos magros remueven la sangre,

como antorchas que en ella se apagan;

con negra sangre su cuerpo se tiñe,

junto a sus piernas vestibulares.

Y sobre el cuello del Rey Gigante,

gesticula un cráneo insignificante.

Falta cabeza sobre estos hombros.

Y frondosos como sauces sus puños,

benditos y triunfantes se hallan,

como cirios luminosos en la cueva sombría.

Dos grandes alas de lechuza cizallan

sobre su cuello en la luz tardía.

Y el Gigante hundió su dedo

en un inmenso velero

que debe atravesar el lago de su imperio.

En su dedo el mástil del velero.

Y están encorvados los osos pardos

bajo las pieles y los fardos

su espinazo de grímpola doblan.

La tempestad es una lámina

de sierra o muros almenados,

o pequeños locos sobre pequeños hornos.

Reman sobre el agua burbujeante

ritmando la danza espeluznante

de los bucles marrones de sus vellones,

con los latigazos de los horizontes.

En la proa la pálida Princesa

a espaldas de sus bogadores,

ve girar como una rueda nueva

un gran pájaro entre los rumores

y los truenos de la cueva.

Con largo cuello el pájaro verde,

espera volar contra el huracán loco

torciendo sus fuertes alas un poco.

Un pájaro en la cueva honda,

un gran pelícano de esmeralda ronda,

siempre con nuevos alientos…

Y hacen nudos los movedizos vientos.

Muy lentas, impasiblemente,

entre las reinas de los espantos,

trepan por los muros durmientes

grandes móneras sangrantes.

Traducción de Arturo Carrera.

Alfred Jarry (Laval, Francia, 1873 – 1907). Fue un dramaturgo, novelista y poeta francés, conocido por sus hilarantes obras de teatro y su estilo de vida disoluto y excéntrico. Su obra teatral “Ubú rey” es considerada antecesora directa del teatro del absurdo. Con ella Jarry consigue el aplauso del gran París. Su estreno fue interrumpido varias veces por los abucheos de los ofendidos y los vítores de los vanguardistas. Alfred Jarry: Volar bajo los pliegues de los signos mudos.