Anahí Maya Garvizu (Bolivia, 1992). Vive entre la parte rural de Cochabamba y la ciudad de La Paz. Es autora de Las estaciones (Editorial Libros del Cardo, Chile 2018; Editorial Buena Vista, Argentina y Isto Edições, Brasil 2023) y El bosque tiene oídos, el campo tiene ojos (Editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León, México 2025). Recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Minerva Margarita Villarreal 2024.

Anahí Maya Garvizu: Es fácil ir hacia lo absurdo.

EL BOSQUE TIENE OÍDOS, EL CAMPO TIENE OJOS

Los cerdos entraron a la cocina en un descuido

y se comieron las verduras de la semana.

Incluso si me fuera lejos

y comenzara una nueva vida

recordaría con claridad su gruñido.

La tormenta se llevó la calamina

la encontraron horas más tarde,

pasamos la noche cubiertos por la corteza de un roble.

Preferimos jugar a rodar por la colina

y asirnos de la rama inclinada.

Si prestaras atención

al misterio que hay en el bosque

también ensayarías

cómo dejarte caer al precipicio.

INSECTARIO: NARRACIÓN SOBRE EL VENENO

Espero bajo la sombra de una roca

para transitar entre las hojas secas,

sobre la hierba tupida

al lado de los filamentos de pequeñas flores campestres.

Me gusta ir sobre el musgo de esa piedra

cuya textura es suave y extensa,

mover las pinzas y arquear mi cola

para que la luz de la luna resalte mis matices.

Me gusta ir errante

en busca del rastro de otro escorpión

aunque el bosque es cada vez más callado y vacío.  

Muchos temen mi veneno,

teman la soledad: como a una aguja atravesando el cuerpo

témanla de verdad: solo quienes la sienten

y conocen

saben qué es moverse mientras quema.

INSECTARIO: NARRACIÓN SOBRE EL COLOR

Hace poco me retorcía dentro de una crisálida

al borde del arroyo y días después

revoloteaba entre helechos y pétalos de hortensia

cromando el tiempo mientras buscaba una flor.

Guiada por la intensidad del aroma

fui a dar con el jardín de una casa aislada

en cuyo cerco florecía el jazmín.

La fatalidad siempre surge de improviso,

de repente el polvillo de mi cuerpo atravesado

caía como polen entre la hierba.

Allende en esa tarde de verano

conservo el vestigio de la liviandad

con que agitaba mis alas al libar una flor.

Hermosa y sin llanto

en la quietud de este encierro

permanezco expuesta tras el vidrio

donde todo alrededor es sepulcral.

A LA DERIVA

He deseado tanto, esperado tanto

que no noté cuando las horas pasaron sobre mí.

Es fácil ir hacia lo absurdo,

me hace pensar en la plaga distraída de polillas

estrellándose contra el parabrisas de los autobuses

las tardes de aire caliente en el verano.

Anahí Maya Garvizu (Bolivia, 1992). Vive entre la parte rural de Cochabamba y la ciudad de La Paz. Es autora de Las estaciones (Editorial Libros del Cardo, Chile 2018; Editorial Buena Vista, Argentina y Isto Edições, Brasil 2023) y El bosque tiene oídos, el campo tiene ojos (Editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León, México 2025). Recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Minerva Margarita Villarreal 2024. Anahí Maya Garvizu: Es fácil ir hacia lo absurdo.