EL MAR ME CONECTÓ A LA VIDA
El mar me tocó, me abrazó y me llamó,
arrastrándome hasta hipnotizarme con su ir y venir.
Sosteniendo mi cuerpo y meciéndolo como un retroceso en el tiempo
a los brazos de mi madre o inclusive antes,
sostenida por el rugido de su corazón y, en esta instancia, de sus olas,
como si no hubiera pasado ni un segundo desde que nací y partí,
como si la vida tuviera un camino para salir,
una pausa de paz que entra en el momento más oportuno,
una pausa de la gravedad,
donde mis piernas ya no sostienen a mi cuerpo
y mi peso no es más que un recuerdo olvidado,
una pausa de las voces
porque la del mar es como un murmullo que calla todo
con su poder y su constancia,
una pausa de hacer para no pensar y pensar sin saber qué hacer,
una pausa que se extendió hasta que me dio vértigo de la soledad,
me entró vértigo al ver el cielo caer sobre el mar
y el agua expandirse sin saber cómo parar,
vértigo ante esta soledad que tanto añoraba,
soledad profunda que me amenaza con arrastrar y no dejar respirar;
esta pausa se convirtió en un respiro sin exhalar,
en un recordatorio de mi falta de compañía
porque me di cuenta de mi soledad ante la belleza,
como un paraíso sin vida alguna,
y la idea de desaparecer sin ser vista,
sin ser notada porque las olas se quedan calladas de lo que ven
y el viento sólo murmura sin ser escuchado,
como la nube después de un bosque quemado,
una soledad mal entendida porque nunca estuvo
aunque su sombra fue confundida,
ya que un delfín me lo demostró;
a pocos metros saltó sobre la espuma, una aleta y una espalda,
seguidas por el agua que jalaba en sincronía a otra aleta que saltaba
y en un momento,
la danza de los delfines comenzó,
con más de seis seres tocando el aire sólo para tentarlo a unirse con el mar.
Unidos al agua que me tenía en brazos,
unidos a mí a través del fluido de la vida
y su energía me dio estadía porque el vacío se llenó de la mejor compañía
y el vértigo se convirtió en alegría.
Tan sólo en un día, aprendí que la vida está llena de energía
porque siempre estará unida a otras incontables vidas.
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LO QUE CARGO EN MI CUERPO
Ojos en la oscuridad,
sonidos en mi pecho,
como un león hambriento,
hoy me acecha hasta mi lecho.
Es parte de mi pensamiento
como si estuviera en un acuerdo,
bajo una nube que me engulle
así como me embulle.
Y si pudiera dejar de pensar
en maneras de escapar
el poder del animal
que me deja amenazada
a ser violada o acosada.
Como aquella vez
que carne y hueso me persiguió
de un camión a una pesadilla
burlándose de su poder sobre la mujer.
Sus ojos no los quiero
pero vienen con mi sexo
porque pareciera que le pertenezco al opuesto,
por más que sea viejo o descontento,
por más que no lo vea de regreso.
No nací con miedo
pero si con un anzuelo
que no sale si lo jalo
con mi canto ni mi llanto.
Porque está enterrado en años
de opresión y supremacía.
Donde hoy, ayer y hasta el día que nací,
desaparece una hermana
por querer ser fuerte
o un poquito independiente.
Esto hace que me sienta
como un preso en este cuerpo,
que yo quiero
pero como mío y
no como de aquellos.
Siempre ruge mi interior
con vigor apabullado
por el mundo que han creado
al callar nuestro criterio
con guerras de soldados
y algunos hombres desconsiderados.
