LA VIDA
La vida es río, espejo y desconcierto,
un sueño breve escrito en cada paso,
un hilo que se enreda en cada lazo,
y un canto que resuena en el desierto.
A veces va callada, a veces cierto
rugido lleva oculto en su fracaso,
y en medio del dolor deja un abrazo
que late con amor bajo lo incierto.
No pide explicación, tan solo avanza,
con luz y sombra siempre entrelazadas,
y nunca da la paz sin la esperanza.
Nos lleva sin parar, sin coordenadas,
y aunque se esconda, queda la enseñanza:
vivir es descubrir todas sus hadas.
LA MUERTE
La muerte viene suave, sin sonido,
vestida con la calma del que espera,
no rompe ni la luz de la vidriera,
ni exige más que un gesto ya rendido.
No es sombra ni castigo mal nacido,
ni furia que del mundo se apodera,
es parte del latido que se altera,
silencio que se cuela en lo vivido.
A veces da pavor, a veces calma,
pues lleva en su mirar lo inevitable
y pesa más cuando la esconde el alma.
No es fin, sino un umbral inquebrantable,
la puerta que separa cuerpo y palma,
el eco de un adiós interminable.
RENACER EN LA LUZ
De las sombras me levanto,
hecho de fragmentos,
con la piel marcada por historias
que ya no pesan en mis hombros.
Soy el eco de mis pasos antiguos,
un susurro que se vuelve voz.
Renazco de cada caída,
más fuerte, más vivo, más yo.
Como el ave que en cenizas halla su fuego,
de cada herida brota una flor,
y en mis ruinas, he plantado semillas
de un mañana que espera en silencio.
Ahora soy el río que no se detiene,
que rompe piedras, que cruza abismos.
Resiliente, inquebrantable,
soy el renacer de mi propio destino.
Y al encontrarme en esta nueva piel,
me abrazo sin miedo, sin juicio ni duda,
sabiendo que, en cada cambio, en cada quebranto,
es mi verdad la que finalmente desnudo.
Porque soy tierra fértil, mar profundo,
tempestad y calma, viento y raíz.
Me reconstruyo, me deshago, me elevo,
eterno ciclo de fuerza sin fin.
