PIRÓMANA
Prendo, uno a uno, tus recuerdos
cuando me deslumbra la estela azul
que ondula en la llama,
provocando escalofríos en mi cuerpo.
Me seduce el sonido que produce
la cerilla, al frotarla con tu nombre,
apelando a tu virilidad con un grito áspero.
Uno a uno, como una hilera de chopos ardiendo,
te llaman los fósforos del tiempo.
Incendio tu nombre en las paredes del pasillo
que abandonaste temprano,
mientras la cafetera anuncia que llega a su destino
y un olor amargo y cálido me hace sentir segura.
¡Saben tanto los fósforos de mis días,
de mis dedos quemados,
de las cuatro estaciones enfermas y suicidas!
Arder, arder en ti,
como una pirómana,
y convertirme en polvo de ceniza en tu memoria.
.
.
AHORA
Ahora el horizonte son tus ojos,
la luz cuando se filtra en la ventana
el roce de tus dedos con las cosas,
sencillas, que circulan por la casa.
Ahora el horizonte está en tu voz
que vierte su sonido consolando
al oído de otros, cuya espera
se duerme en el reloj de la impaciencia.
Ahora el horizonte está en tus dedos,
buscando en los recuerdos apilados,
y en las hebras silentes de otros tiempos
que nos evocan caricias y abrazos.
Ahora es un ahora, un regalo,
que no supimos ver con tanta prisa.
Ahora es la distancia congelada
tras el cristal de una ventana herida.
.
.
CÓMO OLVIDAR
Cómo olvidar el rastro peregrino
que dejan tus dedos,
las bocas,
los miembros con hambre,
los desarrapados segundos pulsados,
la arquitectura nerviosa
de cada caricia,
el ángulo generoso de tu sonrisa,
tus ojos fijos
como un reloj parado,
como un faro
alumbrando mis pupilas,
tus manos de azada
labrando mis surcos,
y tu pecho latiendo
en un compás
que recorre a la inversa
las agujas del reloj.
Apenas te vas,
ya me dejas muerta.
