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1
Hablo desde el reflejo de la sombra, no tengo nombre,
todo nombre oculta una voluntad y un despliegue de alas oscuras.
Carezco de apego al mundo, porque en esta ruta
es previsible el dolor y el engaño.
Esta ruta escritural es un abismo que comunica al ser
con su propia raíz y a la raíz con el espejismo.
Este túnel se enlaza con miles de túneles
cuya entrada es el yo y salida es el yo.
No espero menos de mí que el despertar.
La claridad se rompe en un costado de Dios.
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2
En la marcha ilegible de estos días,
desconozco lo que me otorga este ejercicio de raíz desconocida,
esta benevolente ceguedad.
Como una sombra pasa el mundo iluminando a la noche.
La noche sólo es una condensación de silencio
y el mundo una luz artificial.
Surcar abismos es atravesar muros donde no los hay.
En la marcha ilegible de estos días
la claridad se rompe en un costado de Dios.
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3
En la quietud inmensa que arrastro, busco la grieta por donde
fugarme, por donde fugarse el cauce que soy, el caudal de mis
vigilias.
Busco el espacio blanco, la puerta del alarido, el fragor interno,
la mañana infectada de visiones.
La claridad se rompe en un costado de Dios.
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4
El tiempo es una tela que se rompe en las manos.
Las hebras de los sueños atraviesan la ciudad.
La ciudad deshabitada se yergue,
el silencio se adelgaza hasta deshacerse.
La claridad se rompe en un costado de Dios.
