Elianne Santiago (Toluca, Estado de México). Estudió la licenciatura en Letras Latinoamericanas (UAEMéx.) y es licenciada en Psicología (UVM). Realizó el diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores del Estado de México “Juana de Asbaje”. Asimismo, realizó estudios de perfeccionamiento de la lengua portuguesa en la Unicentro, Paraná, Brasil. Se ha desenvuelto como catedrática, correctora de estilo y, en el ámbito editorial, como coordinadora de la revista Castálida, del Instituto Mexiquense de Cultura, así como correctora de estilo de la revista La Colmena, UAEMéx. Ha sido alumna de los talleres dirigidos por los poetas Enriqueta Ochoa, Óscar Wong, Dolores Castro y Maricruz Patiño y Lisandro Gallardón. Es autora del pliego Pavesas, editado por La Colmena (núm. 59, julio-septiembre, 2008). Obra suya aparece en diversas antologías La Mujer Rota (Literalia Editores, Guadalajara, 2009), Últimos coros para la Tierra Prometida. 40 poetas jóvenes del Estado de México (Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de México, 2015), Raíces (Michoacán, 2017), Cien poetas del mundo en la capital con valor (Gobierno del Estado de México, 2017), Poetas en el Cosmovitral, 156 voces poéticas en la capital con valor (Gobierno del Estado de México, 2018), Voces que no se apagan, Antología bilingüe español-otomí (Toluca, 2018), Danza entre niebla, Antología bilingüe español-zapoteco (Toluca, 2020) y Coordenadas de voces femeninas, XII (La Comuna Girondo, 2020); así como, en diversos medios virtuales. Ha participado como lectora de su obra creativa en diversos foros y festivales. Actualmente se desenvuelve en el ámbito de la clínica infantil y adolescente, y realiza estudios en formación psicoanalítica; cuenta con diversos diplomados y ha publicado ensayos de enfoque psicoanalítico en ediciones de coautoría, publicadas por Lapsus de Toledo España.

Elianne Santiago, La desnudez de una página condenada a no ser.

“SER MUJER EN MÉXICO”

Ser mujer en México

es morir en defensa propia cada día, 

invisible a las primeras planas,

sin que a nadie ya le importen

el nombre, la edad, la mirada.

Es atravesar con urgencia la noche

y tornarse mimética criatura

para no ser destazada por el deseo

sin ley de una jauría hambrienta

de sangre y adrenalina.

Ser mujer en México

es gritar desde la infancia

con las entrañas dolientes

y no escuchar eco alguno

y no ser escuchada

y perder la voz

en la desgarradura.

Educadas para callar,

complacer, agradar,

ser en función de un otro

que dicte un manual 

de comportamiento para ser amadas,

para colmar esa herida irremediable

de nacer en “falta evidente”,

y sacrificarlo todo por un guiño

de mínimo reconocimiento.

Ser mujer es ser condenada a no ser,

adornarse para parecer,

para no incomodar,

pretender ser menos, 

dejar de ser a los treinta y cinco,

no hallar empleo,

subemplearse, minimizarse,

desconocerse, suponerse menos,

ubicarse siempre en el último sitio.

Ser detrás de otro,

invisibilizarse,

insensibilizarse de sí misma,

ocultar la herida,

hasta convenientemente

desaparecer de a poco.

Es la desnudez en la página de sociales

con un rostro prestado y una mueca

de feliz sujeción consentida,

para ser tocada sin pudor por las miradas,

comprada y desechada 

por las manos y mentes de todos.

Es el rostro negado

de las adolescentes prostituidas

en cada esquina de una calle 

de tránsito común,

ante el golpe de la indiferencia

de cuantos fingen no saberlas presentes.

Es crecer ingenuamente adoctrinadas 

por romances de telenovela,

como perfecta estrategia de padrotes

que enamoran, prometen  

y hacen de la ilusión de un final feliz

un pasaporte al infierno.

Es ser humillada, burlada, ultrajada,

prostituida treinta veces por noche,

asesinada una cada cuatro minutos,

por taxistas, diputados, policías,

redes de pederastia,

primos, tíos, cuñados

(hijos todos de mujeres,

¿es preciso recordarlo?),  

quienes al día siguiente 

fingen impecabilidad

en los festejos familiares. 

Es ser calumniada por otras mujeres,

llamada “puta” por sus iguales,

puesta en tela de juicio,

acusada por sus logros,

sometida a sospecha 

si goza de un sueldo apenas suficiente,

pese a la evidencia del sudor y el tedio

por su condición de esclava en renta 

durante once horas continuas.

Es ser avergonzada públicamente

si no “consiguió” un hombre, 

si un espécimen del género opuesto

no la elige para dominio propio,

si no avala su condición de “respetable señora”.

Ser mujer en México

es temer serlo libremente

y, pese a ello, armarse de valentía

para arremeter la jornada,

ganar el derecho a decir

con palabra propia, definirse, 

ser como se prefiera,

pensar por sí misma,

edificarse un mundo propio.

Y es también saber que se le mata,

por atrever el derecho 

a esa «habitación propia»,

a ese mundo de “peligrosa” singularidad.

Ser mujer en México

es morir en cada desaparecida,

cada asesinada, 

cada expediente en el olvido,

un poco siempre cada día,

y continuar empuñando la palabra

para dar pelea al miedo

y abrir camino a otras voces.

Es llorar de espanto y furia,

elevarse sobre la miseria

y aprender de cada lágrima.

Es no dejarse abatir,

silenciar, anular;

sembrar la semilla de la sangre

y germinar con furia

un amanecer de la voz

por cada muerta nuestra,

hasta el último aliento,

hasta el último estertor de un país

prostituido, violado, cercenado,

un sepulcro común que clama

el epitafio de la justicia

por boca propia.

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Versión de reciente aparición en la antología «Mujeres con voz de tinta: injusticia social», editada por Jorge Pacheco Zavala, bajo el sello Voz de Tinta.

Elianne Santiago (Toluca, Estado de México). Estudió la licenciatura en Letras Latinoamericanas (UAEMéx.) y es licenciada en Psicología (UVM). Realizó el diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores del Estado de México “Juana de Asbaje”. Asimismo, realizó estudios de perfeccionamiento de la lengua portuguesa en la Unicentro, Paraná, Brasil. Se ha desenvuelto como catedrática, correctora de estilo y, en el ámbito editorial, como coordinadora de la revista Castálida, del Instituto Mexiquense de Cultura, así como correctora de estilo de la revista La Colmena, UAEMéx. Ha sido alumna de los talleres dirigidos por los poetas Enriqueta Ochoa, Óscar Wong, Dolores Castro y Maricruz Patiño y Lisandro Gallardón. Es autora del pliego Pavesas, editado por La Colmena (núm. 59, julio-septiembre, 2008). Obra suya aparece en diversas antologías La Mujer Rota (Literalia Editores, Guadalajara, 2009), Últimos coros para la Tierra Prometida. 40 poetas jóvenes del Estado de México (Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de México, 2015), Raíces (Michoacán, 2017), Cien poetas del mundo en la capital con valor (Gobierno del Estado de México, 2017), Poetas en el Cosmovitral, 156 voces poéticas en la capital con valor (Gobierno del Estado de México, 2018), Voces que no se apagan, Antología bilingüe español-otomí (Toluca, 2018), Danza entre niebla, Antología bilingüe español-zapoteco (Toluca, 2020) y Coordenadas de voces femeninas, XII (La Comuna Girondo, 2020); así como, en diversos medios virtuales. Ha participado como lectora de su obra creativa en diversos foros y festivales. Actualmente se desenvuelve en el ámbito de la clínica infantil y adolescente, y realiza estudios en formación psicoanalítica; cuenta con diversos diplomados y ha publicado ensayos de enfoque psicoanalítico en ediciones de coautoría, publicadas por Lapsus de Toledo España.Elianne Santiago, La desnudez de una página condenada a no ser.