Elianne Santiago (Toluca, Estado de México; 1977). Estudió la licenciatura en Letras Latinoamericanas (UAEMéx.) y es licenciada en Psicología (UVM). Realizó el diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores del Estado de México “Juana de Asbaje”. Asimismo, realizó estudios de perfeccionamiento de la lengua portuguesa en la Unicentro, Paraná, Brasil. Se ha desenvuelto como catedrática, correctora de estilo y, en el ámbito editorial, como coordinadora de la revista Castálida, del Instituto Mexiquense de Cultura, así como correctora de estilo de la revista La Colmena, UAEMéx. Ha sido alumna de los talleres dirigidos por los poetas Enriqueta Ochoa, Óscar Wong, Dolores Castro y Maricruz Patiño. Es autora del pliego Pavesas, editado por La Colmena (núm. 59, julio-septiembre, 2008). Obra suya aparece en diversas antologías La Mujer Rota (Literalia Editores, Guadalajara, 2009), Últimos coros para la Tierra Prometida. 40 poetas jóvenes del Estado de México (Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de México, 2015), Raíces (Michoacàn, 2017), Cien poetas del mundo en la capital con valor (Gobierno del Estado de México, 2017), Poetas en el Cosmovitral, 156 voces poéticas en la capital con valor (Gobierno del Estado de México, 2018), Voces que no se apagan, Antología bilingüe español-otomí (Toluca, 2018), Danza entre niebla, Antología bilingüe español-zapoteco (Toluca, 2020) y Coordenadas de voces femeninas, XII (La Comuna Girondo, 2020); así como, en diversos medios virtuales. Ha participado como lectora de su obra creativa en diversos foros y festivales. Actualmente se desenvuelve el ámbito de la clínica infantil y adolescente, y realiza estudios en clínica psicoanalítica; cuenta con ensayos de contenido psicoanalítico publicados en antologías editadas por Lapsus de Toledo, España.

Elianne Santiago, La fragilidad de la vida como signo de resiliencia.

ACTO FINAL

De este mundo 

me llevo no más 

que el señuelo

prendido a la solapa 

de una chaqueta raída

por tantos otros antes;

la permanente herida

de un deseo incumplido

que soñé hasta el hartazgo,

hasta la renuncia;

la piel de una caricia largamente inventada,

la mirada como fundamento

de cuanto comenzó su imperio 

en demolición tras la despedida.

Me llevo a la que fui,

la que dejé de ser sin darme cuenta,

la que creí ser, la que deseé,

sus remiendos, 

imaginarios 

e historias rotas,

y a la que hoy, 

tras los bastidores de la vida,

prepara su debut justo en el acto final.

.

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NO DE ESTE MUNDO

Miro detenidamente tu rostro,

acaricio la tibieza de tus años,

como quien atreve la frágil 

nervadura de un renuevo,

y me duele saber que me falta vida

para amarte, que tantas veces

he muerto que al cabo

se me fugó del pecho

el aleteo impaciente

por remontar esta tierra.

Pero te soy,

acaso por sólo el instante 

cuando detienes para mí la mañana,

y por piedad pareciera 

que nada acecha

bajo este cielo enlutado

por la agorera danza en picada

que corona nuestros sueños.   

El mundo toca su vieja melodía negra

y nosotros la bailamos descalzos 

como niños sin miedo a lo perdido,

porque la noche nos viste con su frío 

y besa nuestras desnudeces.

Nosotros que no poseemos 

más que el breve relámpago 

de un asombro asilado en la mirada,

y esa llama que pecho adentro 

nos consume de a poco y reclama lejos:

no de este mundo, no de esta piel,

no de este nombre ni de los sitios 

que suponemos nuestros,

no de esta historia inventada como propia,

sino de un tiempo que no ha nacido aún

para colmar nuestras ansias de cielo.

.

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PROMESA

En memoria de mi hermano Enrique Yuri.

No, no pasará, 

no pasarás, 

estarás volviendo del sueño

a recordarme la mañana, 

serás el pulso que acomete

con valiente serenidad los días.

Todo el amor que fuiste permanece

en lo que crece silencioso

como la luz susurrante 

por los intersticios de la casa.

Amor que me inunda, 

estás aquí,

despertando del mineral estupor,

abriéndote camino como las aguas,

que tras su paso siembran

la vegetal promesa de la vida.