Elizabeth Castro (Ciudad de México, México. 1994) es Licenciada en Relaciones Comerciales de profesión, pero autodidacta en las artes literarias y plásticas. Ha participado como co-autora en la antología de nueva poesía latinoaméricana Tierra de latidos y se encuentra cerca de publicar su primer poemario. Aquí una nueva colaboración con Vislumbre.

ELIZABETH CASTRO CERCA DE SU PRIMER POEMARIO

DE AMOR, CON AMOR, PARA MI AMOR

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En este momento en que tu ser reposa sobre mi espacio

que poco a poco vas haciendo tuyo,

escribo lo real que me siento a tu lado,

cuando te veo,

cuando gravito en ti.

Ayer yo te contaba de los diferentes infinitos que existen,

los hay de muchos tipos, te dije,

unos más grandes que otros;

no es lo mismo el infinito del uno al diez,

que del uno al cien:

quise hacerte ver, en forma de números

que es lo más acercado a ti,

que el amor infinito que siento a tu lado,

es más grande,

 más profundo

y más sano,

que cualquier añejo y helado infinito, que haya estado dentro de mí,

que algunas veces, lo interminable se evapora, cuando no es crucial.

Y es aquí cuando me doy cuenta que, tal vez,

la sensación de sentirme enamorada,

solo puede ser superada por la de sentir amor;

la primera, hace que me sienta viva,

mientras que la segunda, me da razones para vivir.

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FABI

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Tú que me cuidas siempre,

A ti que te quiero tanto,

que tu sangre, es mi sangre

y que mi vida, podría ser la tuya si así lo necesitaras.

Tú, qué eres tan diferente a mí.

A ti, que te admiro como a nadie.

Tú, que ni siquiera necesitas tener el título del favorito,

                                                      porque eres el único.

Me dices que soy una mujer con suerte,

y gritas que me arriesgo a la vida más de lo que debería.

Yo a ti, que no te gusto poeta,

que me preferirías de alguna otra profesión

que no me permita sentir,

                                 como si eso me diera un seguro de vida.

Tú, que estás a mi lado como un vigilante,

pero a la vez, no sabes nada sobre mí.

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HOY TODAS SOMOS UNA

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Esta mañana me desperté con las palabras que gritaba el mundo,

esas que, por años, fueron sordas.

Hoy la realidad me toca el hombro

y me dice que me ponga sobre el cuerpo,

la piel de la que no puede estar viva,  

                                                y refugie su alma.

Yo que soy mujer,

y que tengo la espina entre las uñas,

en estas mis manos que, ante la impotencia se quitan las cuerdas;

doy mi voz, mi protesta, y mi marcha;

                             como única forma de combate ante la distancia,

y les digo que la felicidad está en la promesa de su libertad.

Mujeres, hoy se escuchan en el mundo,

                                                                hoy todas, ya somos una.

Hoy ya no hay sábanas, no hay cortinas, no hay burka.

Sin pensarlo pasaron de ser crisálida

en esta sociedad que no las ha sabido ver,

a ser el ejemplo de lo que siempre pasa,

                                                         pero de lo que nunca se habla.

Por ustedes me quito el miedo,

con el que ya han cargado desde siempre, no hace falta llevar más.

El decoro en las calles llenas de todo, menos respeto,

exige dejar a un lado la fragilidad que ya no tenemos,

porque en lugar de pétalos arrancados, hoy somos bosque.