MI CAMINO
A Gabriela Bonilla
Mi camino no es el camino de los hombres,
y mi sangre no es la sangre que corre por las venas
en el corazón de los hombres;
mi sangre proviene de las estrellas,
de la estrella más oscura —donde es posible
presenciar el nacimiento de la luz— donde
el mar está colgando en el cielo, y la luna
adormece los corazones de los dragones
en uno de los confines secretos, más secretos
del universo. Mi camino está forjado por la sangre,
la hermosa sangre de la más antigua constelación,
mi nombre, mi nombre es el nombre
de todos los hombres, y mi corazón es
el viento y el mar, el fuego y el dolor
—materia oscura en un mundo viciado—
Predilecta carne, proyección de los principales
arquetipos que concilian el sueño y la tradición.
El poder de las ruinas, de las voces, estertores
del flagelo del más hermoso dolor.
Mi camino no es la noche ni el día, mi camino
no comienza con esta vida, porque esta vida,
es tan sólo la sombra de todas las vidas,
el aliento, brisa fresca de unos días pasados
en un calendario que se fragmenta desde siempre.
Mi camino es el camino innombrable,
como un río inquebrantable por el que fluye
el terrible espíritu de la vida;
el camino visible, marcado por el fuego
de una historia que se devora como la hermosa
serpiente del tiempo; un camino en el corazón
del universo que siempre brilla
en la más alta oscuridad.
Mi camino no es el camino de los hombres,
ni mi sangre es la sangre de los hombres.
Mi camino ha visto el terrible nacimiento
de la luz, en esta historia que se desintegra
desde siempre.
