Una de las voces más relevantes de la poesía española actual y además una de las voces que más produce en estos tiempos convulsos, es la de Javier Lorenzo Candel (Albacete, España. 1967). Ganadores de múltiples premios de poesía entre los que destacan el Barcarola, Fray Luis de León, Emilio Alarcos, Antonio Machado y el Premio Jaime Gil de Biedma. “Dos cartas” es su primer libro publicado en México bajo el sello de Alcorce Ediciones, donde a manera de un análisis profundo por medio de la lírica, Javier Lorenzo ofrece una pertinaz crítica sobre la poesía que se escribe en la actualidad.

FRAGMENTO DE “DOS CARTAS”, MÁS RECIENTE LIBRO DE JAVIER LORENZO CANDEL

QUÉ LEJOS VA QUEDANDO 

Tu juego en esta orilla de abril embravecido,

qué silencio en tu voz, qué pasos apagados

donde antes hubo espacios para correr.

Un tiempo a la medida de las cosas

que se han perdido, ahora

está llegando aquí para quedarse.

Salgo a darme a los días

y ya no estás con ellos.

Mi cuerpo avanza maquinal

para encontrar el frío 

del mar Mediterráneo,

mi cuerpo, este mi cuerpo

que se ha quedado solo,

tan poderoso a veces, tan engreído, adusto,

aliviado de mí que lo sostiene.

Estoy aquí porque he venido huyendo

de las cosas de casa, 

para hacerme otro hogar

menos desvencijado – porque el tiempo

lo ha dejado repleto de jirones- 

y he abierto las ventanas, 

he aireado también habitaciones,

ordenado los muebles y cubierto la cama 

de mantas para el frío.

Las cosas siguen puestas donde tú las dejaste,

el mismo butacón que sostuvo las ropas 

de todos los veranos

y la lenta razón de los días de invierno.

Pero tú ya no estás porque te has ido.

Una mirada ahora a todo lo que observo

pone sobre las cosas el dolor de la pérdida,

pero hay que ir viviendo 

los tiempos que los otros nos exigen.

Y no es la poesía, sin embargo, 

lo que da y lo que quita,

sino vivir tomando prestados los inviernos,

los besos ir dejando en la mañana, 

vivir como en sordina, 

atendiendo a los ruidos de la calle.

Aquí dentro no hay nada

que me exija quererte como quieren los otros,

aquí no está el dinero alborotando el mundo,

los prejuicios, las malas intenciones,

los lemas que han llegado para reconocerlos.

Aquí lo cosa es 

mucho más comprensible, una razón doméstica

madurando mi manera de amarte,

esa que se desprecia en los tiempos de ahora.

Porque yo ya no sé convertirme en un punto

necesario, tal vez, para mover el tiempo;

el tuyo – lo he sabido después de conocernos

caminando en las diques de la ciudad-

no es mi tiempo, y lo has dicho

cientos, miles de veces desde hace tantos años.

Aquí dentro mi mundo es más sencillo,

pero tú ya no estás para reconocerlo.

Como el niño que vuelve

de la playa poblada de voces de domingo

y pone en soledad, 

allí donde el silencio se hace cómplice,

la tristeza. Ese espacio

para ocultarse, 

el cuarto más sombrío de la casa,

y en esa soledad llora su infancia;

así, del mismo modo, he vuelto al territorio

de la duda, 

del miedo fantasmal hacia los otros,

de la gran timidez que me acompaña.

Y lo he vuelto a llorar como de niño.

Tú no me ves porque aún no has llegado,

y quizá nunca llegues,

pero mi cuerpo merma todos los optimismos.

Mis manos, aquellas que aprendiste

a acariciar, ahora, son manos muy pequeñas,

casi manos de niño que intentan esconder

la cara descompuesta que siempre traen las lágrimas.

Pero tú no has llegado 

y quizá nunca llegues a encontrarme.

Y me escondo, lo sé, para que no haya dudas

cuando digo que aparto mi torpe condición,

la más dura razón que nos aleja,

para que no me veas nunca más desearte.

Si más de veinte años no han podido fraguar

un corazón común, 

el que puse en el tiempo y el espacio,

de nada servirá que ahora me veas

bombear esa sangre compartida,

la que creía sangre y que quizás

sea tan solo un tímido

discurrir de la vida por las venas.

No está la poesía para estos movimientos,

no está para dejarla sobre la que una vez

fue nuestra vida, no estoy para decirte

que todo lo que tengo lo tengo para ti,

aunque el botín no sean 

más que presentimientos,

sueños alborotados, 

promesas que no llegan

ni siquiera a promesas,

búsquedas en tu piel para dejar un verso

a tu cuidado.

La poesía no,

no está para estos tiempos.