ENAMORADA DE MI DULCE AROMA
la luz entre las hojas de los árboles,
sonido de sangre blanca llenando el espacio.
Y esas florecitas azules
fueron lo que me hicieron respirar un aire como casa.
Aquí arriba la perspectiva del alma,
se conmovía con paisajes,
y un piano que sólo en mi cabeza resonaba.
La luna en el cielo azul,
el dorado de fin del día,
los pájaros charlando,
fueron un sueño.
Un sueño que, por un minuto, me dejó
rogar
y quise recordar el deseo de morir en paz.
Dejé que me picaran los moscos,
sólo para marcar este templo en mí.
Y me pedí quedarme sola,
porque era lo que menos percibía.
El aire me tocaba,
como si esperarme ya lo hacía.
Cerré los ojos y vi el otoño aquí,
la primavera,
el invierno,
los años próximos.
Me atreví a soltar las ganas de vivir.
.
.
RECORRIENDO MIS CAMPOS DE PIEL
conocí mis montañas,
mis lagos y cascadas,
mis huracanes que arrasan cabeza,
mi sencilla tierra dorada,
el dolor antes del temblor.
Me aferré a raíces debajo de mi peso
y tumbaste flores
al irte reposando en mí.
Deslizaste tus yemas sobre caminos blancos,
dándoles tinta de sudor.
Respiré la poca luz,
exhalé tu nombre.
Dirigimos nuestros caminos como fuera posible
y recorrimos más de veinte canciones.
El cielo se iluminó
detrás de tu pecho.
Las estaciones del año dieron vuelta
y los llantos del aire
imposibles de ocultar se volvieron.
Ahí mismo,
conocí mis montañas,
mis lagos y cascadas,
mis huracanes que arrasan cabeza,
mi sencilla tierra dorada,
el dolor antes del temblor;
eso que tanto temía crear.
.
.
SIEMPRE SE IMPULSA A MENTIR
a crear historias de amor
que sólo bajo sus cabezas se deslizan.
Un invento puro de hambre de esperanza.
Tú y yo
fuimos guiados por esas creaciones imprescindibles.
Amarrados a velas por palabras rojas
completamente vacías.
Energías destinadas a contemplarse detrás de la verdad.
