Inmaculada Rodríguez Flores, conocida como Inma Flores (Barrial de Gáldar, Gran Canaria, 1967) es una voz poética del Atlántico que rescata lo cotidiano con la hondura de las olas. Desde temprana edad se enamoró de la lírica de Tomás Morales y Pablo Neruda, y su palabra madura se alzó en el poemario colectivo y, finalmente, en su libro Quimera de sal. Bajo los pseudónimos Irene Bulio y Roberto Kamé también explora la narrativa y el relato breve. Colabora con medios culturales canarios y programas literarios, desde su isla tejiendo puentes entre memoria, paisaje y emotividad.

Inma Flores: Me gustan las sorpresas matutinas.

EL MAÑANA

Duele tu ausencia, duele esta fiel lágrima

que resiste el salir buscando olvido

junto a un tic tac inerte que no avanza

en esta madrugada donde me ahogo.

Los días se entrelazan, sin cordura,

una daga presiona mi costado

que yace desangrado ante tu falta.

Tu vacío es carcoma que devora

los grises pensamientos. Son inútiles.

De nuevo tu sonrisa matutina

alumbra mi pupila, ya florece…

Enciende la voraz llama escarlata

que tritura pasados inconclusos

y alumbra mi mañana entre tus brazos.

LO QUE SÍ Y LO QUE NO

No me gustan esperas, son absurdos

los instantes perdidos divagando

Si un “sí” es un “sí”, o un “quizás”

disfrazado: “tal vez sí me convenga”.

Si me dices “sí” tengo la certeza

de que todo será como acordamos,

más el tiempo discurre con el ritmo

distinto en tu reloj que en el mío.

Me gustan las sorpresas matutinas:

un hola, buenos días mañaneros;

un te soñé; te eché de menos, hija;

un rasgo del absurdo pensamiento

donde tú y yo sintamos el deseo

de sonreír al pensarnos la mirada,

la ilusión del instante compartido.

No me gustan esperas, siendo absurdas;

el día que se fue, ya tú lo sabes,

la vida no devuelve los instantes.

Las cosas se construyen o derrumban,

depende el interés con que se siembre

el prado del futuro que hoy aguarda.

No pudo llegar lejos la carreta

donde un buey anda que anda, ya cansado,

mientras el otro en la hierba se revuelca.

Mejor ser el caballo que veloz

sueña un cielo sin nubes de tormenta.

RECETA DE FELICIDAD

Se pueden escoger los miedos, sí.

Se les mira de frente, sin temer

de nuevo, sin sentir; has de vencer

al equino sin rumbo, sí o sí…

Se empequeñecen pronto, y sin luz

ya no brillan en ti, siquiera sientes

su cercana presencia; ya las mentes

quedan libres del miedo, de su cruz.

Así de nuevo vives esa vida

que siempre fue la tuya, tan fugaz

y libre como el viento del invierno.

Y te sientes etéreo pues perdida

quedó toda tristeza, ineficaz

como un sol que es mecido en el averno.

Inmaculada Rodríguez Flores, conocida como Inma Flores (Barrial de Gáldar, Gran Canaria, 1967) es una voz poética del Atlántico que rescata lo cotidiano con la hondura de las olas. Desde temprana edad se enamoró de la lírica de Tomás Morales y Pablo Neruda, y su palabra madura se alzó en el poemario colectivo y, finalmente, en su libro Quimera de sal. Bajo los pseudónimos Irene Bulio y Roberto Kamé también explora la narrativa y el relato breve. Colabora con medios culturales canarios y programas literarios, desde su isla tejiendo puentes entre memoria, paisaje y emotividad.Inma Flores: Me gustan las sorpresas matutinas.