Antes que funcionario público, Jaime Torres Bodet fue poeta, narrador y ensayista. Sin embargo, la trascendencia de su vida pública —como Secretario de Educación Pública, Secretario de Relaciones Exteriores y Director General de la UNESCO— terminó por eclipsar su valiosa faceta literaria.
Recuperar a Torres Bodet como poeta, no significa restar importancia a su labor como servidor público, sino comprender que ambas dimensiones se alimentaban mutuamente. Su pensamiento humanista, su sensibilidad estética y su profunda convicción en el poder transformador de la palabra, fueron fundamentales para la visión educativa y diplomática que lo hizo destacar.
Leer hoy en día su poesía o su narrativa, nos permite descubrir a un autor de extraordinaria calidad literaria que dialoga con las grandes preocupaciones universales, como el tiempo, la memoria, la cultura y la condición humana. Reivindicar su obra literaria es hacer justicia a uno de los escritores más importantes del México del siglo XX y devolverlo al lugar que merece dentro de la tradición de las letras hispanoamericanas.
Los dejamos con esta pequeñísima muestra de poesía del gran Jaime Torres Bodet.
Javier Gutiérrez Lozano
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AMOR
Para escapar de ti
no bastan ya peldaños,
túneles, aviones,
teléfonos o barcos.
Todo lo que se va
con el hombre que escapa:
el silencio, la voz,
los trenes y los años,
no sirve para huir
de este recinto exacto
-sin horas ni reloj,
sin ventanas ni cuadros-
que a todas partes va
conmigo, cuando viajo.
Para escapar de ti
necesito un cansancio
nacido de ti misma:
una duda, un rencor,
la vergüenza de un llanto;
el miedo que me dio
-por ejemplo- poner
sobre tu frágil nombre
la forma impropia y dura
y brusca de mis labios…
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MUJER
¿Qué palabras dormidas
en páginas de líricos compendios
-o al contrario, veloces,
azules, verdes, blancas, recorriendo
los tubos de qué eléctricos letreros-
debo resucitar para expresarte,
cielo de un corazón que a nadie aloja,
anuncio incomprensible,
mujer: adivinanza sin secreto?
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PAZ
No nos diremos nada. Cerraremos las puertas.
Deshojaremos rosas sobre el lecho vacío
y besaré, en el hueco de tus manos abiertas,
la dulzura del mundo, que se va, como un río…
