MI PADRE
Siempre estaba hablando de Dios,
y molesto conmigo.
Venía de una familia pobre y se enriqueció
pero nunca olvidó a los pobres.
Tenía una forma de vivir tan simple
y a la vez llena de complicaciones
nunca pude comprenderlo.
Rehuía a los doctores, a la familia,
detestaba a los homosexuales,
a los liberales,
a los ordinarios,
como un cristiano azotado por los dioses paganos.
Siempre lo vi tan solitario
parecía no necesitar a nadie.
En su vida yo fui siempre
su epígrafe y epílogo,
nunca expresó con palabras el cariño.
Lo enterré con tristeza
y la hierba se tragó su imagen.
Luego de su muerte lo busqué en otros padres
hasta que entendí que había desaparecido
como lo hace un barco en el horizonte.
Fue un hombre realmente admirable.
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TEMPORADA EN EL INFIERNO
Tampones sangrientos
Yacen inertes en mi bote de basura.
Una stripper ha venido a tirarlos aquí y me ha enseñado sus piernas.
Observo los tampones,
Es mi propia sangre la que está pudriéndose.
Es tan desagradable escribir este poema,
Como una horrible temporada en el infierno.
Estas musas desnudas,
estas diosas de culo y tetas,
valquirias demoníacas,
verlas sentadas en tu sala,
hablando de sus hombres.
Es como echar un trago de gasolina
y encender un puro.
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POEMA PARA IR AL FRENTE
Stalin mató de hambre
a casi cuatro millones de ucranianos.
Himmler ideó la solución final.
Las tropas de Franco asesinaron
al mejor poeta de España del último siglo,
y Pinochet al chileno.
La guerra de Yugoslavia acabó
con su propia gente
y los vencedores de la segunda guerra dividieron Berlín.
Un premio Nobel estampó sus sesos en la pared
y Mozart se moría de hambre.
Mi padre murió cuando yo tenía veintiún años.
Me enamoré de una puta
y casi muero de alcoholismo.
Dios le da a cada hombre
su porción de infierno.
