II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
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Y UNO APRENDE
Después de un tiempo uno aprende la sutil
diferencia entre sostener una mano y
encadenar el alma.
Y uno aprende que el amor no significa
seguridad y uno empieza a aprender…
Que los besos no son contratos y los regalos
nos son promesas, y uno empieza a aceptar
sus derrotas con la cabeza alta y los ojos
abiertos.
Y uno aprende a construir todos sus caminos
en el hoy, porque el terreno de mañana es
demasiado inseguro para planes… y los
futuros tienen una forma de caerse a la
mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si
es demasiado, hasta el calor del sol quema. A
sí que uno planta su propio jardín y decora su
propia alma, en lugar de esperar a que
alguien le traiga flores.
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FINAL DE AÑO
Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.
.
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DOS POEMAS INGLESES
¿Con qué te puedo retener?
Te ofrezco pobres calles,
desesperados ocasos,
la luna de los desarrapados suburbios.
Te ofrezco la amargura de un hombre que
ha mirado largamente la luna solitaria.
Te ofrezco mis ancestros, mis muertos,
los fantasmas que los vivos han honrado en
mármol:
el padre de mi padre muerto en la frontera
de Buenos Aires,
dos balas atravesándole los pulmones y,
barbudo y muerto,
fue envuelto por sus soldados en un cuero de
vaca;
el abuelo de mi madre –que a los
veinticuatro años–
comandó una carga de trescientos hombres
en Perú,
ahora fantasmas sobre desvanecidos
caballos.
Te ofrezco lo que pueda haber en mis libros,
lo que pueda haber de hombría o de humor
en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que
nunca ha sido leal.
Te ofrezco la entraña de mi ser que
de algún modo he preservado;
el corazón central que no utiliza palabras,
ni trafica con sueños, intocado por el tiempo,
por la alegría, por la adversidad.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla
vista en el ocaso,
años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones sobre ti misma,
teorías sobre ti misma,
auténticas y sorprendentes noticias sobre ti
misma.
Te puedo dar mi soledad, mis tinieblas, el
hambre de mi corazón;
estoy tratando de sobornarte con la
incertidumbre, con el peligro, con la derrota.
